martes, 1 de julio de 2014

INTERNACIONAL: UNASUR y su rol en la estabilización de la región

El nuevo multilateralismo en Latinoamérica traza una nueva visión como región, ya que, tiene como objetivo mantener su autonomía respecto de la hegemonía de EEUU y al margen de la constitución de instituciones regionales rígidas y costosas. De esta manera, organismos como la UNASUR “responden a una visión del multilateralismo como un nuevo instrumento de coordinación política entre los países de América del Sur, en torno a cuestiones de infraestructura, finanzas, políticas sociales, energía y defensa”. (Serbin, 2009)
Asimismo, A. Serbin expone que la UNASUR confronta numerosas tensiones entre sus miembros, al proyectarse una visible preponderancia de Brasil en el organismo, que le resta legitimidad como mediador en la región, ante la falta de coherencia de Brasil por su ausencia de liderazgo. Este punto lo ratifica Gardini quien menciona que la UNASUR “es el resultado de la visión de Brasil de crear "América del Sur" como una comunidad unida y políticamente activa. (Gardini, 2011), creando ciertas divergencias entre los miembros frente la actuación del organismo y de Brasil.
UNASUR debe responder a los desafíos actuales que trasgreden la armonía regional, como el caso de la crisis venezolana, la cual requiere de intervención por la magnitud que representa para el país, debido a la violencia desatada y la violación de los derechos humanos, además de las detenciones ilegales. De cara a la necesaria mediación para la salida de la crisis, se plantea la siguiente problemática: ¿En qué medida la UNASUR logra constituirse como organismo de estabilización regional (en la crisis venezolana) bajo la dirección de Brasil como potencia regional?
La respuesta plantea que: UNASUR en el marco del nuevo multilateralismo cooperativo es el organismo adecuado para mediar la crisis en Venezuela, sin embargo, su margen de actuación depende del liderazgo que proyecta Brasil como potencia regional, para obtener legitimidad como mediador en la resolución de los conflictos y contribuir al fortalecimiento regional.
I-    UNASUR en el marco del nuevo multilateralismo cooperativo como organismo mediador de la crisis en Venezuela             
a)      El nuevo multilateralismo cooperativo
En este contexto, el nuevo multilateralismo fortifica la cooperación entre los actores, para contribuir en temas que amenacen a la región. También se destaca, “su carácter fuertemente presidencialista, aunque aboga por institucionalizar las decisiones y una mayor participación de la sociedad civil” (Ardila, 2012). La diplomacia presidencial presente en este nuevo contexto, es significativa, a pesar de que M. Ardila enuncia que puede tratarse de algo coyuntural y transitorio, lo que incidiría en la falta de estrategias de largo plazo.
Desde la perspectiva de F. Rojas, “el multilateralismo cooperativo permite democratizar las decisiones sobre los bienes públicos internacionales, el desarrollo de nuevas redes de vinculación y coordinación” (Rojas Aravena, 2010). Esta posición, mantiene vigente la convicción sobre los beneficios que ofrece el nuevo multilateralismo para la región y su afianzamiento en diferentes materias.  
En cuanto a la actuación que UNASUR ofrece desde su posición como organismo multilateral, A. Serbin afirma que podría constituirse en una instancia para enfrentar los conflictos en la región que remplace la OEA” (Serbin, 2009), así mismo este autor no descarta la amplia participación  de actores, lo que le imprimiría un carácter democrático. Esta visión es apoyada por F. Rojas, al mencionar la importancia de “crear instrumentos que aseguren una mayor participación de la sociedad civil”. (Rojas Aravena, 2000)
b)      El rol de UNASUR en la crisis venezolana
Destacando las bondades de nuevo multilateralismo y su incidencia en la crisis venezolana, este organismo apenas ha comenzado a instalarse como mediador para restablecer el dialogo entre la oposición y el Gobierno de Maduro, sin establecerse aún, si realmente su discutida legitimidad le permita avanzar o no en una real solución.
A pesar de ello, su carácter de organismo regional autónomo, nos podría dar una idea sobre la posibilidad, de que UNASUR mantenga al margen la reiterada injerencia de EEUU en la crisis de Venezuela, lo que ha permitido acentuar más la crisis del país. De esta manera, se identifican varios aspectos que posicionan a UNASUR como un actor adecuado para atender la problemática situación en Venezuela.
Adicionalmente, por estos días se ha querido convocar a una cumbre presidencial para tratar el caso venezolano, que podría realizarse en Quito. Este hecho se vincula con la característica del nuevo multilateralismo, el de la diplomacia de cumbres (Ardila, 2012) donde el protagonismo es presidencial al intervenir los jefes de Estado y de gobierno de cada uno de los miembros de UNASUR, para concertar una pronta salida al conflicto en Venezuela.    
En definitiva, queda pendiente la posición de la cumbre y la dirección que ésta le pueda dar a la crisis venezolana, sin embargo es importante la vigencia en torno al debate sobre la legitimidad de UNASUR respecto a la preponderancia de Brasil, como potencia regional.
II- El margen de actuación y la legitimidad de UNASUR se derivan del liderazgo y la estabilidad que ofrezca Brasil como potencia regional.
a)  Brasil en su rol como potencia regional
El liderazgo que proyecta Brasil a nivel regional no demuestra como prioridad la creación de  mecanismos democráticos en la región, ya que según D. Flemes “La política exterior brasilera se focaliza mas en la soberanía nacional que en la integración del país dentro de las instituciones regionales” (Flemes & Wehner, 2012). Esta idea, justificaría el soft balancing de las potencias secundarias, ante el creciente poder de Brasil y su falta de liderazgo, tal como debe ejercerlo una  potencia.
Brasil debe ir en dirección de “un liderazgo cooperativo” (Ardila, 2012), con el fin de cumplir con las expectativas como potencia y mantener un rol mas activo en la región. Como potencia regional debe ofrecer: “Estabilidad e infraestructura de la región, cooperación, compartir poder y tomar decisiones en las cumbres, además de proyectar normas y valores basados en su legitimidad y autoridad(Flemes & Wehner, 2012). De esta manera, la dispersión de Brasil en la región, ha conducido a su falta de credibilidad en América Latina, así como lo proyecta desde UNASUR. Es importante que Brasil mantenga un liderazgo sobre UNASUR, el cual “depende de su habilidad para superar discrepancias políticas e ideológicas, trata de ser guía en el espacio suramericano y defender la democracia en la región”. (Flemes & Wehner, 2012)
La falta de decisión de posicionar su liderazgo, mantiene en riesgo el rol no solo de UNASUR, sino que esto se repite en el Consejo de Defensa Suramericano, “el cual podría estar en duda, ya que no está claro si la mayoría de los países sudamericanos prefieren contar con un esquema de defensa patrocinada por el brasileño en lugar de un EE.UU.” (Gardini, 2011). Por ejemplo, como lo relata Gardini, Colombia al estar inscrito en el Consejo de Defensa, su posición fue la de introducir bases militares de EEUU en su territorio, en lugar de acudir a la instancia regional, siendo este un claro indicio de su distanciamiento.  
En conclusión, “UNASUR se suma al debate entre quienes consideran a Brasil un " líder sin seguidores" y los que ven en Brasilia una nueva forma de "liderazgo constructivo". (Gardini, 2011). En este sentido, no hay que descartar en el futuro, un verdadero avance del liderazgo, ya que es necesario para mantener vigente el nuevo multilateralismo, el cual debe ser prioridad en la región, por los beneficios que este otorga, entre otros la autonomía, el fortalecimiento y la estabilidad regional.
b) Multilateralismo defensivo en favor de la estabilidad regional liderado por UNASUR.
A pesar de las circunstancias que cuestionan a UNASUR como mediador y estabilizador de la región, su presencia y posterior desarrollo es necesario, para el fortalecimiento de la región y el establecimiento de una nueva dimensión como es “el multilateralismo defensivo, el cual lucha por reafirmar la autonomía latinoamericana frente a EEUU, al mismo tiempo que busca defender la prerrogativa soberanía y exclusiva de los jefes de Estado y del gobierno de formular la política exterior con respecto a los actores nacionales y extranjeros” (Legler, 2010.)  
Sin duda, la región requiere de UNASUR, a pesar de que no incluye aún la totalidad de los países latinoamericanos, este lograría convertirse en símbolo de la unidad latinoamericana, además de mantener un rol estabilizador de la región, que como tal pueda quedar plasmado en la solución de la crisis venezolana, así como ya ha intervenido en otras ocasiones, en países como Bolivia. “La estrategia brasileña de enfrentar cualquier turbulencia que amenace la estabilidad regional quedó claramente reflejada con la agudización de la crisis boliviana. En esa ocasión, se produjo una primera intervención exitosa de UNASUR en los asuntos internos de uno de sus Estados miembros” (Serbin, 2009).
Los antecedentes de UNASUR los posicionan como un mediador prometedor en la región, sin que se deba acudir a organismos internacionales ni a EEUU. Según A. Serbin esto se debe a “la emergencia de nuevos centros de poder sin que implique la declinación de EEUU” (Serbin, 2009), y esta emergencia debe ser utilizada, en favor del desarrollo de la autonomía regional y para eliminar todo tipo de retrocesos.
Además, existe como antecedente que organismos como la OEA donde la injerencia de EEUU es fuerte, la exclusión de la posición regional latinoamericana es notable. Por ello, “no hay voluntad de los países sudamericanos de involucrar a un organismo como la OEA en el que EEUU juega un papel preponderante” (Serbin, 2009). Esta posición es decisiva, ya que la balanza se inclinaría a favor del fortalecimiento latinoamericano, además del desarrollo del liderazgo brasilero que mantendría los vínculos regionales vigentes, afianzando la cooperación, en especial en materia de defensa.
 Conclusión                                                                                                                                
Son varios los retos que a nivel regional se plantean desde el nuevo multilateralismo, como lo son el posicionamiento del liderazgo brasilero, el fortalecimiento de los mecanismos de UNASUR como mediador en las crisis presentes y futuras, convirtiéndose en el organismo regional por excelencia, evitando la injerencia de organismos a nivel internacional y de otras potencias, con el fin de “convertir a la región en un referente en el marco del sistema multipolar” (Serbin, 2009)
En cuanto a la crisis en Venezuela se puede observar un interés efectivo, por parte de UNASUR, el cual sus esfuerzos deben encaminarse al restablecimiento de la democracia. A pesar que el presidencialismo pueda ser un hecho que incide en la solución final, el consenso y la intervención de otros actores, es un aspecto que poco a poco debe ir tomando fuerza en el nuevo multilateralismo.
La propuesta multilateral debe imponerse de ahora en adelante, para que América Latina se encargue de sus asuntos, logrando consolidar regionalmente una agenda que sea favorable a los intereses de la región y contribuya en el futuro avance a su integración.
 
Bibliografía
Ardila, M. (2012). La Cumbre de las Américas: entre el viejo y el nuevo multilateralismo. En Foros Camino a Cartagena, VI Cumbre de las Américas.

Flemes, D., & Wehner, L. (2012). Drivers of Strategic Contestation in South America. Germany: GIGA Working Papers.
Gardini, L. G. (2011). Unity and Diversity in Latin American Visions of Regional Integration. En LATIN AMERICAN FOREIGN POLICIES BETWEEN IDEOLOGY AND PRAGMATISM. Palgrave Macmillan.

Legler, T. ( 2010.). El perfil del multilateralismo latinoamericano. Foreign Affairs Latinoamerica , Vol 10, No 3.
Rojas Aravena, F. (2010). La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Foreign Affairs Latinoamerica , Vol 10, No 3.

Rojas Aravena, F. (2000). Multilateralismo. Perspectivas latinoamericanas. Caracas: FLACSO.
Serbin, A. (2009). América Latina en un mundo multipolar: es la UNASUR la alternativa? Nueva Sociedad No 219 .

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