El nuevo
multilateralismo en Latinoamérica traza una nueva visión como región, ya que, tiene
como objetivo mantener su autonomía respecto de la hegemonía de EEUU y al
margen de la constitución de instituciones regionales rígidas y costosas. De
esta manera, organismos como la UNASUR “responden a una visión del
multilateralismo como un nuevo instrumento de coordinación política entre los
países de América del Sur, en torno a cuestiones de infraestructura, finanzas,
políticas sociales, energía y defensa”. (Serbin, 2009)
Asimismo, A. Serbin expone que la
UNASUR confronta numerosas tensiones entre sus miembros, al proyectarse una visible
preponderancia de Brasil en el organismo, que le resta legitimidad como mediador
en la región, ante la falta de coherencia de Brasil por su ausencia de
liderazgo. Este punto lo ratifica Gardini quien menciona que la UNASUR “es el
resultado de la visión de Brasil de crear "América del Sur" como una
comunidad unida y políticamente activa. (Gardini, 2011) , creando ciertas divergencias entre los
miembros frente la actuación del organismo y de Brasil.
UNASUR debe responder a los desafíos
actuales que trasgreden la armonía regional, como el caso de la crisis
venezolana, la cual requiere de intervención por la magnitud que representa
para el país, debido a la violencia desatada y la violación de los derechos
humanos, además de las detenciones ilegales. De cara a la necesaria mediación
para la salida de la crisis, se plantea la siguiente problemática: ¿En qué medida la UNASUR logra constituirse como
organismo de estabilización regional (en la crisis venezolana) bajo la
dirección de Brasil como potencia regional?
La respuesta plantea que: UNASUR en
el marco del nuevo multilateralismo cooperativo es el organismo adecuado para mediar
la crisis en Venezuela, sin embargo, su margen de actuación depende del
liderazgo que proyecta Brasil como potencia regional, para obtener legitimidad como
mediador en la resolución de los conflictos y contribuir al fortalecimiento
regional.
I- UNASUR en el
marco del nuevo multilateralismo cooperativo como organismo mediador de la
crisis en Venezuela
a)
El nuevo multilateralismo cooperativo
En este contexto, el nuevo
multilateralismo fortifica la cooperación entre los actores, para contribuir en
temas que amenacen a la región. También se destaca, “su carácter fuertemente
presidencialista, aunque aboga por institucionalizar las decisiones y una mayor
participación de la sociedad civil” (Ardila, 2012) . La diplomacia presidencial presente en
este nuevo contexto, es significativa, a pesar de que M. Ardila enuncia que
puede tratarse de algo coyuntural y transitorio, lo que incidiría en la falta
de estrategias de largo plazo.
Desde la perspectiva de F. Rojas, “el
multilateralismo cooperativo permite democratizar las decisiones sobre los
bienes públicos internacionales, el desarrollo de nuevas redes de vinculación y
coordinación” (Rojas Aravena, 2010) . Esta posición, mantiene
vigente la convicción sobre los beneficios que ofrece el nuevo multilateralismo
para la región y su afianzamiento en diferentes materias.
En cuanto a la actuación que UNASUR
ofrece desde su posición como organismo multilateral, A. Serbin afirma que “podría constituirse en una instancia
para enfrentar los conflictos en la región que remplace la OEA” (Serbin, 2009) , así mismo este
autor no descarta la amplia participación
de actores, lo que le imprimiría un carácter democrático. Esta visión es
apoyada por F. Rojas, al mencionar la importancia de “crear instrumentos que
aseguren una mayor participación de la sociedad civil”. (Rojas Aravena, 2000)
b)
El rol de UNASUR en la crisis venezolana
Destacando
las bondades de nuevo multilateralismo y su incidencia en la crisis venezolana,
este organismo apenas ha comenzado a instalarse como mediador para restablecer
el dialogo entre la oposición y el Gobierno de Maduro, sin establecerse aún, si
realmente su discutida legitimidad le permita avanzar o no en una real
solución.
A pesar
de ello, su carácter de organismo regional autónomo, nos podría dar una idea
sobre la posibilidad, de que UNASUR mantenga al margen la reiterada injerencia de
EEUU en la crisis de Venezuela, lo que ha permitido acentuar más la crisis del
país. De esta manera, se identifican varios aspectos que posicionan a UNASUR
como un actor adecuado para atender la problemática situación en Venezuela.
Adicionalmente,
por estos días se ha querido convocar a una cumbre presidencial para tratar el caso
venezolano, que podría realizarse en Quito. Este hecho se vincula con la
característica del nuevo multilateralismo, el de la diplomacia de cumbres (Ardila, 2012) donde el
protagonismo es presidencial al intervenir los jefes de Estado y de gobierno de
cada uno de los miembros de UNASUR, para concertar una pronta salida al
conflicto en Venezuela.
En
definitiva, queda pendiente la posición de la cumbre y la dirección que ésta le
pueda dar a la crisis venezolana, sin embargo es importante la vigencia en
torno al debate sobre la legitimidad de UNASUR respecto a la preponderancia de
Brasil, como potencia regional.
II- El margen de actuación y la legitimidad de UNASUR se
derivan del liderazgo y la estabilidad que ofrezca Brasil como potencia
regional.
a) Brasil en su
rol como potencia regional
El liderazgo que proyecta Brasil a
nivel regional no demuestra como prioridad la creación de mecanismos democráticos en la región, ya que
según D. Flemes “La política exterior brasilera se focaliza mas en la soberanía
nacional que en la integración del país dentro de las instituciones regionales”
(Flemes & Wehner, 2012) . Esta idea,
justificaría el soft balancing de las
potencias secundarias, ante el creciente poder de Brasil y su falta de
liderazgo, tal como debe ejercerlo una potencia.
Brasil debe ir en dirección de “un
liderazgo cooperativo” (Ardila, 2012) , con el fin de cumplir con las
expectativas como potencia y mantener un rol mas activo en la región. Como
potencia regional debe ofrecer: “Estabilidad e infraestructura de la región,
cooperación, compartir poder y tomar decisiones en las cumbres, además de proyectar
normas y valores basados en su legitimidad y autoridad” (Flemes &
Wehner, 2012) . De esta manera, la dispersión de
Brasil en la región, ha conducido a su falta de credibilidad en América Latina,
así como lo proyecta desde UNASUR. Es importante que Brasil mantenga un
liderazgo sobre UNASUR, el cual “depende de su habilidad para superar
discrepancias políticas e ideológicas, trata de ser guía en el espacio
suramericano y defender la democracia en la región”. (Flemes & Wehner, 2012)
La falta de decisión de posicionar
su liderazgo, mantiene en riesgo el rol no solo de UNASUR, sino que esto se
repite en el Consejo de Defensa Suramericano, “el cual podría estar en duda, ya
que no está claro si la mayoría de los países sudamericanos prefieren contar
con un esquema de defensa patrocinada por el brasileño en lugar de un EE.UU.” (Gardini, 2011) . Por ejemplo, como
lo relata Gardini, Colombia al estar inscrito en el Consejo de Defensa, su
posición fue la de introducir bases militares de EEUU en su territorio, en
lugar de acudir a la instancia regional, siendo este un claro indicio de su distanciamiento.
En conclusión, “UNASUR se suma al
debate entre quienes consideran a Brasil un " líder sin seguidores" y
los que ven en Brasilia una nueva forma de "liderazgo constructivo". (Gardini,
2011) .
En este sentido, no hay que descartar en el futuro, un verdadero avance del
liderazgo, ya que es necesario para mantener vigente el nuevo multilateralismo,
el cual debe ser prioridad en la región, por los beneficios que este otorga,
entre otros la autonomía, el fortalecimiento y la estabilidad regional.
b) Multilateralismo defensivo en favor de la estabilidad
regional liderado por UNASUR.
A pesar de las circunstancias que cuestionan
a UNASUR como mediador y estabilizador de la región, su presencia y posterior
desarrollo es necesario, para el fortalecimiento de la región y el
establecimiento de una nueva dimensión como es “el multilateralismo defensivo,
el cual lucha por reafirmar la autonomía latinoamericana frente a EEUU, al
mismo tiempo que busca defender la prerrogativa soberanía y exclusiva de los
jefes de Estado y del gobierno de formular la política exterior con respecto a
los actores nacionales y extranjeros” (Legler, 2010.)
Sin duda, la región
requiere de UNASUR, a pesar de que no incluye aún la totalidad de los países
latinoamericanos, este lograría convertirse en símbolo de la unidad
latinoamericana, además de mantener un rol estabilizador de la región, que como
tal pueda quedar plasmado en la solución de la crisis venezolana, así como ya
ha intervenido en otras ocasiones, en países como Bolivia. “La estrategia
brasileña de enfrentar cualquier turbulencia que amenace la estabilidad
regional quedó claramente reflejada con la agudización de la crisis boliviana.
En esa ocasión, se produjo una primera intervención exitosa de UNASUR en los
asuntos internos de uno de sus Estados miembros” (Serbin, 2009) .
Los antecedentes de UNASUR los
posicionan como un mediador prometedor en la región, sin que se deba acudir a
organismos internacionales ni a EEUU. Según A. Serbin esto se debe a “la emergencia
de nuevos centros de poder sin que implique la declinación de EEUU” (Serbin, 2009) , y esta emergencia
debe ser utilizada, en favor del desarrollo de la autonomía regional y para eliminar
todo tipo de retrocesos.
Además, existe como
antecedente que organismos como la OEA donde la injerencia de EEUU es fuerte,
la exclusión de la posición regional latinoamericana es notable. Por ello, “no hay
voluntad de los países sudamericanos de involucrar a un organismo como la OEA
en el que EEUU juega un papel preponderante” (Serbin, 2009) . Esta posición es decisiva, ya que la
balanza se inclinaría a favor del fortalecimiento latinoamericano, además del desarrollo
del liderazgo brasilero que mantendría los vínculos regionales vigentes, afianzando
la cooperación, en especial en materia de defensa.
Conclusión
Son varios los retos que a nivel
regional se plantean desde el nuevo multilateralismo, como lo son el
posicionamiento del liderazgo brasilero, el fortalecimiento de los mecanismos
de UNASUR como mediador en las crisis presentes y futuras, convirtiéndose en el
organismo regional por excelencia, evitando la injerencia de organismos a nivel
internacional y de otras potencias, con el fin de “convertir a la región en un
referente en el marco del sistema multipolar” (Serbin, 2009)
En cuanto a la crisis en Venezuela
se puede observar un interés efectivo, por parte de UNASUR, el cual sus
esfuerzos deben encaminarse al restablecimiento de la democracia. A pesar que
el presidencialismo pueda ser un hecho que incide en la solución final, el
consenso y la intervención de otros actores, es un aspecto que poco a poco debe
ir tomando fuerza en el nuevo multilateralismo.
La propuesta multilateral debe
imponerse de ahora en adelante, para que América Latina se encargue de sus
asuntos, logrando consolidar regionalmente una agenda que sea favorable a los
intereses de la región y contribuya en el futuro avance a su integración.
Bibliografía
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Cumbre de las Américas: entre el viejo y el nuevo multilateralismo. En Foros
Camino a Cartagena, VI Cumbre de las Américas.
Flemes, D., & Wehner, L. (2012). Drivers of Strategic Contestation in South America. Germany: GIGA Working Papers.
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Serbin, A. (2009). América Latina en
un mundo multipolar: es la UNASUR la alternativa? Nueva Sociedad No 219
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