El presente ensayo expone
el debate en torno a la inserción de Brasil en el comercio internacional y el
rol que ha jugado la agricultura en dicho proceso, centrándose en el periodo comprendido
de los 90 hasta el 2010, con el gobierno de Lula Da Silva. El propósito de esta
investigación es analizar la inserción del país en el mercado global e indagar sobre
la posición de Brasil frente a las relaciones comerciales y la conveniencia de
mantenerlas en un marco de desigualdad, frente a los países desarrollados. Este
panorama marcó los cambios más significativos en la política exterior del país para
situarlo hoy en día como uno de los mayores exportadores en Latinoamérica.
Sin embargo, resulta
interesante como en Brasil se inicia la desgravación arancelaria gradual del
sector agrario y sus productos, fomentando una amplia competencia con los otros
mercados sin ningún tipo de barreras, a pesar de que algunos países desarrollados mantendrían
la protección para su sector agrario. En Brasil, se lograron implementar aspectos
como: La financiación, la mayor productividad, la trasferencia de tecnología,
la infraestructura, los cuales favorecieron notablemente el crecimiento del
sector de exportaciones.
El trabajo procura hacer
un análisis desde el neoestructuralismo, a partir de la relación de Brasil con
los países desarrollados y como este paradigma ha incidido en el comercio
internacional, a partir del desarrollo de su sector agrario interno. “El
neoestructuralismo ha intentado ofrecer una visión alternativa a la visión
neoclásica dominante y sus diversas derivaciones, con autores como: Fernando
Fajnzylber y de Ugo Pipitone” (Osorio, 2001) .
Por esto, la
problemática es: ¿De qué manera los cambios en las relaciones comerciales han
logrado el desarrollo del sector exportador coadyuvado por la producción
primaria, desde la apertura comercial (1990) hasta el gobierno de Lula Da Silva
2010?
La hipótesis plantea
que: A pesar de que Brasil desde la apertura comercial al mercado internacional
ha tenido que enfrentar barreras institucionales por parte de los países
desarrollados, esto no ha impedido que hoy en día sea el más grande exportador
de Commodities (en especial derivados
del agro) en Latinoamérica, debido a la creciente importancia de este sector y
su aporte a la economía del comercio internacional Brasileño.
En la primera parte, se
detalla la inserción de Brasil en el mercado internacional, resaltando su
proceso de liberalización y establecimiento de oferta para la exportación, en
la segunda parte, se plantea como a pesar de las reglas fijadas con la OMC donde se eliminan todo
tipo de barreras, Brasil ha tenido que lidiar con las barreras que le han impuesto
los países desarrollados a sus exportaciones. En tercer lugar, se aborda el
posicionamiento de Brasil como el primer exportador en Latinoamérica a partir
de las estrategias implementadas que lo posicionaron en el sector exterior y el
cuarto lugar, se profundiza sobre la incidencia del sector primario y su rol en
el auge exportador de Brasil.
Una mirada sobre la liberalización económica de Brasil.
La economía de Brasil
antes de la liberalización de mercado se inscribía en un modelo proteccionista,
donde, “la economía brasileña era bastante cerrada al comercio exterior
contribuía a ello una fuerte política de sustitución de importaciones aplicada
en el país desde la década de 1950” (Schaeffe & Cia, 2003) . En este sentido,
emerge la crisis fiscal y se dispara la tasa de inflación, además de “la
dificultad del Estado para obtener recursos para inversiones en infraestructura
e incluso para satisfacer las necesidades básicas de la población” (Schaeffe & Cia, 2003)
Para mitigar los
impactos de la crisis, en 1990, “la economía brasileña experimento una serie de
reformas que aunque hayan sido eficientes en el sentido de reducir
considerablemente los elevados índices inflacionarios. En el mandato de Collor
de Mello (1990-1992) se eliminaron subsidios y se redujeron los incentivos que
beneficiaban a los exportadores, esto produjo una rápida apertura del país al
mercado exterior” (Schaeffe & Cia, 2003)
Pero sin duda, la
intervención de la OMC, siendo el organismo internacional garante del
cumplimiento y aplicación de las normas de comercio entre países, fue
determinante al negociar entre sus miembros importantes medidas con vías a
mantener la libre circulación de mercancías. En el contexto de la Ronda de
Uruguay (1986-1993) se quería llegar a un acuerdo sobre la política de aranceles,
además de otros puntos como: La protección de la propiedad privada, la
desregulación de los precios de la mayoría de los productos, la libre
circulación de los capitales y la desregulación del Estado en la intervención
de la liberalización de la economía, también se propuso la supresión de
subsidios y demás apoyos del sector agrario para que no incidiera en forma
negativa en otras economías.
Conceptualmente la
liberalización del mercado se concibe como la reducción de las barreras
arancelarias al comercio internacional, en tanto “la liberalización aumenta la
competencia entre los productores locales, entendiendo que puede significar la
caída o el auge de algunos sectores” (Groizard, 2006) , lo cual depende de la respuesta de los
sectores en el largo o corto plazo. Por otra parte, la reducción de barreras
arancelarias a las importaciones implicó un menor control sobre el intercambio
de bienes y servicios. “Los países en desarrollo se mostraron interesados en un
amplio procesos de liberalización de barreras tarifarias y no tarifarias, en
cuanto a la cobertura de productos como a la aplicación de desgravación
arancelaria” (Iturregui & Wade, 1993) . Por otra parte, los
países desarrollados mantenían fuertes medidas de protección.
Lo más complicado en
las negociaciones fue sin duda, el aspecto sobre la agricultura al querer
establecerse “normas de excepción que se ha constituido en el principal fuente
de conflicto en el conjunto de la Ronda Uruguay, el objetivo era la disminución
del nivel de subsidios directos e indirectos el cual ha sido de difícil
materialización” (Iturregui & Wade, 1993) . De esta manera,
países como “EEUU presentó un proyecto de eliminación lisa y llana de la
protección agrícola, pero Japón y la CEE buscaron limitar dichas reformas” (Iturregui & Wade, 1993) . Es allí, cuando se
tejen ciertas divisiones entorno a lo que debe regir para la comunidad de
países, porque de esta manera es como lograría concretarse acuerdos que deben
ser respetados por todos en favor del comercio exterior.
Retomando
la estrategia frente al sector agrario, para los países en vías de desarrollo
como Brasil, una de las condiciones para alcanzar el desarrollo desde la
perspectiva de Pipitone es “la necesidad de «profundas transformaciones en las
estructuras productivas agrícolas», ya que «una agricultura moderna y
eficiente... parecería ser una conditio
sine qua non para la salida del atraso económico»” (Osorio, 2001) . En esta dirección,
la desprotección del sector agrario va en contra vía del desarrollo de su
estructura productiva, lo cual resulta preocupante en un primer momento por las
negociaciones y sus implicaciones.
Además de lo anterior,
el proceso de apertura en Brasil tuvo dificultades, ante la variación en la
tasa de cambio, debido a la ampliación de la oferta de productos importados,
sin que paralelamente se ampliaran las exportaciones, además de la fuerte
entrada de capitales externos. En este sentido, “Brasil pasó de una posición de
superávit a déficit en la balanza comercial” (IICA, 2000) .
Por esto, el gobierno se ve obligado a implantar medidas como el Plan Real[i], el cual buscaba mantener
controlada la hiperinflación.
Al igual que el resto
de Latinoamérica, Brasil posee una oferta exportable centralizada “en los commodities y productos industriales con
baja intensidad tecnológica; en contrapartida, las importaciones son tecnología
y servicios de gran valor añadido” (Valotto Patuzzo, 2010) . Por esto aparece
la preocupación sobre sí, de alguna manera “crecería el riesgo de no elevar las
exportaciones en el sector agrícola de forma substancial, contribuyendo a
reducir el saldo positivo en el comercio de bienes” (Valotto Patuzzo, 2010) . Esta desconfianza
se incrementa a puertas de la crisis asiática cuando a nivel internacional, “la
reducción en el crecimiento del PIB, con la caída y cantidad de las commodities
industriales y agrícolas y la repatriación de los capitales de los países
emergentes a su lugar de origen, y esta incertidumbre se agravó a finales de
1997” (Valotto Patuzzo, 2010)
Siendo
las economías latinoamericanas el atractivo para la inversión extranjera, es
con la entrada de IED lo que permite entre los años 1998 y 1999, “la balanza
comercial vuelva a estabilizarse gracias a las exportaciones de bienes, que se
incrementan de manera substancial a partir del año 2000” (Valotto Patuzzo, 2010) . Sin embargo,
Brasil, a pesar de su logro en el aumento de la capacidad industrial, el déficit
que permanece no es el de la balanza comercial de bienes primarios, sino en la
imposibilidad de consolidar ampliamente el mercado de bienes con gran valor
agregado sobre los commodities, que no ofrecen grandes ingresos, ni mercados
estables.
Luego
de abordar la liberalización en Brasil,
ahora se plantea como dichos efectos no provienen por si solos del contacto con
el comercio exterior, sino también, por la falta de cumplimiento de los países
desarrollados en la supresión de las barreras y demás obstáculos
fitosanitarios. Esto afecto directamente a la economía brasileña, al impedir la
ampliación de su mercado de exportación en los países desarrollados.
En el
caso de Brasil, ha sido difícil la relación comercial con el sector externo,
especialmente con los países desarrollados, quienes mantienen ciertas reservas
frente a la total desprotección del sector agrario, a pesar de que, “el eje
central del acuerdo agropecuario gira en torno a la meta de liberalización
agrícola a través de la cláusula de libre acceso a los mercados, ya que
determina en gran medida los alcances del proceso de liberalización (…) En esta
medida, los países que importan alimentos y compiten con productos que mantiene
ayudas estatales, esto desestabiliza los precios o cuando se mantienen costos
arancelarios elevados” (Fritscher Mundt, 2014)
Las
medidas que se emprenden de manera individual en cada país no respetan los acuerdos, terminan por
desestabilizar las economías de otros países, al proteger las economías
nacionales, siendo paradójico que “las economías como las desarrolladas son las
que menos han cumplido con los acuerdos de libre comercio y eliminación de
subsidios a la producción de los alimentos” (García Zamora, 2002) .
La explicación sobre este
hecho se debe a que desde el GATT se promovía el derecho de excepción al
cumplimiento de las reglas comerciales para EEUU. Pero, “los demás países
integrantes del organismo de igual forma refrendaron el derecho al uso de instrumentos
que distorsionaban el comercio” (Thorstensen, 1998) . No obstante, se
constituye en una limitante, ya que “en los años ochenta, el comercio mundial
de productos agrícolas se vio perturbado, porque en ese entonces la Comunidad
Europea siendo una potencia exportadora de alimentos, subsidiaba fuertemente
sus actividades agrícolas, siendo el responsable de la crisis de sobreoferta
que se abatió sobre el mundo agrícola a partir de mediados de dicha década”. (Presotto Nunes, 2007)
En razón a esta crisis, todas las medidas
relacionadas con subsidios a la exportación y a la producción de alimentos se consideraron
como una amenaza que terminaría por distorsionar el comercio agrícola. En
consecuencia, “se crea una normatividad alternativa, centrada en el libre
comercio agrícola, el GATT junto con otros países exportadores netos, exigieron
la anulación en el ámbito multilateral todos los elementos de distorsión
vigentes en el comercio internacional, compuestos básicamente por subsidios a
los precios y medidas de protección en las fronteras. (Fritscher Mundt, 2014) . Sumado a lo
anterior se presenta un problema en la demanda y la oferta que ocasionan
fuertes impactos en los precios que tienen una tendencia a la baja “Como han
mostrado los modelos económicos de la Ronda de Doha, las reformas que están en
la mesa de negociaciones de la OMC están proyectadas para generar impactos
positivos restringidos en la producción y los precios de la mayoría de los
commodities” (Fritscher Mundt, 2014) .
A modo de ejemplo, según la OECD (2000), “en 1999, Canadá otorgó un subsidio per cápita a
sus productores del orden de 9 000 dólares, Estados Unidos lo hizo por 21 000 dólares”
(Fritscher Mundt, 2014) . La destinación de
recursos demuestra la gran importancia de este sector para EEUU y Canadá. Además,
otros argumentos aclaran que existe una tradición en los países desarrollados de
una amplia “injerencia en el terreno de la producción en cada país con el fin
de regular el abasto y los precios de los alimentos” (Fritscher Mundt, 2014) . Igualmente, los
países desarrollados también han sido afectados por las crisis mundiales y ante
el riesgo de altos niveles de desempleo y alta competencia en importaciones,
estos países protegen sus sectores.
En el
caso de Brasil, ha tenido que enfrentarse
a medidas que obstruyen su comercio exterior, sin poder acudir a un organismo
que actué con justicia y equidad, respetando las reglas comerciales, porque los
existentes son más afines a los países desarrollados. Por ejemplo, “los
procesos anti-dumping, eran llevados a los mecanismos de solución de
controversias en la OMC, el juzgador padecía de vicio político y siempre daba
la causa a los ricos, en el caso de: Las exportaciones de gasolina a los
Estados Unidos, del café soluble para Europa y de los subsidios canadienses a
la industria aeronáutica” (Valotto Patuzzo, 2010) .
Para
ampliar cada caso: EEUU conservó un gran número de barreras a las importaciones
brasileñas de manufacturados y productos primarios, ocasionando perdidas al
país.
Con Canadá
se presentaron conflictos, como parte de las sanciones propuestas desde la OMC,
se castigo a Brasil por disfrazar sus subsidios en empresas exportadoras de
aviones; constituyéndose casi una guerra comercial usando tácticas como las
siguientes: “Canadá, frente a las exportaciones de carnes brasileñas, alardeaba
por el mundo de que había una contaminación en su cabaña ganadera por la
epidemia de las “vacas locas”, que no existía” (Valotto Patuzzo, 2010) .
Por lo
tanto, Brasil adoptó una decisión frente al duro escenario comercial, en el
cual primaba su desventaja ante los países desarrollados y los mecanismos de
conciliación como la OMC, por esto ”el gobierno de Lula da Silva, que comenzó
en 2003 con una fuerte mirada en lo que parece ser el interés nacional, sus
prioridades pasaron a ser la integración sudamericana, la consolidación de
alianzas con los países del Sur y el fortalecimiento de la posición negociadora
del país en foros de comercio internacional” (Groizard, 2006) .
De
frente a los bloqueos y distorsiones en las negociaciones, “el gobierno de Lula
introduce cambios paulatinos en el desempeño de la política comercial brasileña
para adaptarla a los nuevos objetivos y prioridades, como: La resistencia a
negociar los acuerdos comerciales con los países desarrollados, particularmente
con los Estados Unidos, la reformulación del proceso de negociaciones del ALCA
es propuesta por Brasil, con el objetivo de reducir el grado de ambición del
proyecto y se intensificaron las reticencias para negociar los temas no
estrictamente comerciales” (Valotto Patuzzo, 2010)
Según Arghiri
Emmanuel el deterioro o mejoramiento en los términos de intercambio impacta en
la condiciones de desigualdad, las negociaciones comerciales y los intercambios
al ser desiguales, son perjudiciales para el país con menor poder económico,
pero si los intercambios se realizan entre países de características similares,
los acuerdos pueden ser funcionales, como ejemplo: “El gobierno pasó a evitar
negociaciones de disciplinas de intereses con los países desarrollados, como la
protección de las inversiones extranjeras, el acceso a licitaciones públicas o
nuevas reglas para el comercio de servicios” (Valotto Patuzzo, 2010) .
Es
trascendental para Brasil ahora, “las negociaciones bilaterales con los países
del Sur, sobre la propuesta de que el dinamismo en el comercio internacional se
encuentra en los países en desarrollo y que las posibilidades de crecimiento de
los flujos comerciales con los países del Norte ya estaban agotadas, y se
lanzaron y enfatizaron nuevas negociaciones” (Valotto Patuzzo, 2010) . Además, el auge de
las economías latinoamericanas es un indicio de como, estas al ser resistentes
en medio de la crisis del 2008 que afectó principalmente a las economías
desarrolladas, se puede ver que, el rumbo está en la emergencia de nuevas
economías y basadas en ajustes estructurales como son “precios favorables para
productos exportables latinoamericanos centrales –hidrocarburos, productos
minerales y, en menor medida, agrícolas–.” (Ocampo, 2007.) Así
mismo, la conciencia del modelo económico usado hasta el momento por los países
en desarrollo y su relación con el mundo desarrollado ha tenido muy pocos
aportes.
De
esta manera, los resultados para Brasil en materia exterior cambiaron
positivamente “en el trienio 2003-2005 las exportaciones fueron un 65 %
superiores y el saldo de la balanza comercial de bienes casi se multiplicó por
siete en relación con el trienio anterior 2000-2002, llegando en 2008 a 197,9
mil millones de dólares y, esto afectado en el último trimestre del año por la fuerte
crisis financiera que afectó a sus principales mercados de exportación, Estados
Unidos y Unión Europea.” (Polonia Ríos Y Iglesias, 2005).
La emergencia de Brasil como potencia exportadora de producción
primaria en Latinoamérica.
Actualmente, Brasil ha logrado sobresalir del conjunto
latinoamericano, puesto que su nivel de exportaciones ha aumentado
significativamente, a pesar de las constantes barreras que encontraba en el
comercio internacional, Brasil mediante su estrategia de focalizarse en la
negociación con otras economías, ha llegado a ser una potencia regional. Hoy en
día. “Brasil es la mayor economía de América Latina, ha logrado una gran
estabilidad macroeconómica durante los años 2000” (Valotto Patuzzo, 2010) . Del mismo modo tal
crecimiento se basada en amplias políticas de liberalización comercial y
financiera. Sergio Schlesinger señala que “hace ver que la base de ese
crecimiento ha sido la agricultura empresarial de uso intensivo de capital,
bajo un modelo de alta sofisticación tecnológica” (Schlesinger,
2009)
A continuación, el balance a nivel regional
posiciona a Brasil como “el mayor exportador de la región en estos cultivos” (Weinsteiner,
2007) .
Este argumento se refuerza con la siguiente tabla tomada del informe denominado
“Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el
Caribe”, FAO 2014.
Tabla 1: Comercio Agroalimentario de América Latina
y el Caribe, millones de dólares 2012
Fuente: Comercio Agroalimentario de América Latina
y el Caribe, millones de dólares 2012 obtenido de la GTA (consulta en línea)
En cuanto al comercio a
nivel regional, según datos del 2012, “Brasil y Argentina son los principales
exportadores agroalimentarios de la región, representando en conjunto el 58%
del valor de estos productos; por el lado de las importaciones, México
concentra el 30% del total de la región, seguido de Brasil con un 13% y
Venezuela, al igual que el conjunto de los países del Caribe, con un 9%”. Según
la siguiente grafica tomada del mismo documento FAO 2014.
Grafica 1: Origen y destino del comercio (%)
agroalimentario en América Latina y el Caribe 2012
Fuente: Comercio Agroalimentario de América Latina y el Caribe, millones de dólares 2012 obtenido de la GTA (consulta en línea)
No hay que olvidar que
un hecho importante en cuanto al comercio internacional fue la crisis del 2008,
donde, según la OMC se redujo significativamente el intercambio comercial, no
solo en los países desarrollados, sino que también hubo cierta reducción en
países como Brasil, manteniendo la continuidad del intercambio de algunos
productos. “Brasil perdió un 24,7 % en las exportaciones y un 31,1 % en las
importaciones de enero a agosto de 2009 en comparación con el mismo periodo de
2008 y obtuvo un incremento de 18 % en el saldo acumulado del periodo” (Valotto Patuzzo, 2010) .
De esta manera, la
actuación de Brasil y su atención en el sector agrario fue fundamental, porque,
ante la quiebra del Banco norteamericano Lehman Brothers, el gobierno de Lula
subasta de 500 millones de dólares para contener el alza del dólar,
“abre líneas de créditos para el sector
agrícola (5 mil millones de dólares), exportador (5 mil millones de dólares),
cambia las reglas de pago del “compulsorio” que significa la liberación en la
economía de aproximadamente 15 mil millones de euros” (Valotto Patuzzo, 2010) . La
contingencia es el resultado del juego de las fuerzas económicas, si Brasil no
atiende con medidas inmediatas, los efectos de la desestabilización del dólar
hubiera afectado significativamente el precio. Por su parte, la dirección de los
recursos van sector agrícola siendo este representativo, al ser dicho sector,
el que en su mayoría aporta en exportaciones.
Tabla 2: Principales exportadores e importadores de
productos agrícolas 2011
Fuente: OMC 2011 disponible en http://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/its2012_s/its2012_s.pdf
En conclusión, es indiscutible
como el sector exterior y la dinámica del comercio internacional, ha logrado
que Brasil adopte cada vez mejores soluciones, respecto al progreso de su
condición como exportador y el mantenimiento de una de sus principales
actividades, al posicionarse en al región.
Aunque, en su mayoría continúe exportando materias primas, su auge es
significativo no solo para Latinoamérica sino también para países como China
quien es uno de sus mayores socios comerciales en exportaciones.
En este orden de ideas,
el posicionamiento de sectores como el agrario, es impresionante, debido a que sobresale
en un país de gran extensión, el éxito de Brasil se obtiene, en parte por los productos
agropecuarios, los cuales representan alrededor del 30 % del total de los
ingresos de exportación del Brasil. “La agricultura sigue siendo importante ya
que representa alrededor del 11 por ciento del PIB y el 25 por ciento del
empleo total. Si se incluyen las actividades transformadoras y las relacionadas
con los procesos de producción, el aporte al PIB alcanza hasta un 35 por
ciento. El crecimiento del sector ha sido impresionante: en los años noventa,
la producción agrícola total aumentó casi un 40 por ciento” (FAO, 2006) .
Finalmente, en
referencia al auge en el sector exportador de Brasil, a partir del importante
avance del sector agrario, es significativo anotar su aporte, si bien aún falta
mucho por solucionar en dicho sector, ha sido crucial su rol en materia de
exportación.
El rol del sector agrario en el sector externo de la economía brasileña
Antes de señalar los
adelantos de este sector, como se mencionaba, todavía persisten serias
dificultades para consolidarse como un sector sin costos sociales, además de
los problemas de desigualdad que persisten en toda la región latinoamericana,
la ampliación de la brecha entre los pequeños y grandes productores. A pesar de
esto, “existe un amplio consenso político sobre los beneficios sociales netos
de la liberalización, a pesar de sus costos sociales, a los cuales el Gobierno
debe hacer frente mediante programas de asistencia selectiva para ayudar a los
grupos afectados durante el proceso de transición” (Valotto Patuzzo, 2010) .
Ahora, resaltado los
progresos significativos, se puede relacionar con el tema de la ampliación de
la producción, el aumento del empleo rural y la implementación de avances
tecnológicos en la producción del sector agrario, lo cual permitió un mayor
rendimiento, tal y como lo de muestran los resultados.
El empleo formal en
Brasil ha presentado grandes mejoras, ante la reducción del desempleo, sin embargo, “se trata de un hecho poco frecuente en
la región y de especial significación para el sector rural” (Valotto Patuzzo, 2010) . Aunque, según José Graziano
da Silva, Grossi y Campagnola “El buen desempeño de la agroindustria no se
correlaciona con el crecimiento del empleo agrícola, debido a que, las
actividades estrictamente agrícolas han disminuido su capacidad de emplear
trabajadores, en comparación con las actividades rurales no agrícolas, que está
avanzando significativamente en el sector rural” (Silva, 2013) .
Según algunas estimaciones:
El empleo rural, su ritmo de crecimiento entre los años 2000 y 2009, en un 33%,
y benefició especialmente a los sectores de menores ingresos. Dicho aumento
puede explicarse por la oferta de trabajos más calificados en “las labores de
cosecha en plantaciones tales como café, caña de azúcar, algodón y naranja, y
por otro, un aumento de las acciones de fiscalización del Ministerio del
Trabajo en estas zonas de producción” (Silva, 2013) .
Por su parte, la
institucionalidad es amplia para el desarrollo de los programas específicos y
la asistencia técnica, investigación y financiamiento del sector como son: “el Ministerio
de agricultura familiar y la reforma agraria, el Ministerio de Desarrollo
Agrario, este último cuenta con cuatro Secretarías que concretan un conjunto de
políticas específicas: de Agricultura Familiar (SAF); de Desarrollo
Territorial, de Reordenamiento Agrario y la Secretaria Extraordinaria de
Regularización Fundiaria en la Amazonia Legal; además del Instituto Nacional de
Colonización y Reforma Agraria” (Silva, 2013) .
Frente al avance tecnológico,
este juega un papel clave en el sector agrario, “en particular en el caso de la
soja. Según Sanches y Rössing (2005) la generación de tecnologías habría sido
uno de los factores fundamental para Brasil para aumentar su producción de
soja, que ocupa la en segundo lugar entre los mayores productores de soja del
mundo. La evolución de la siembra y la producción de soja es rápida en
Brasil: en 1975 se producía más de 10 millones de toneladas al año, pero en
2003, el país ya estaba produciendo unos 50 millones de toneladas. Es así, como
desde el paradigma neoestructuralista, la incorporación tecnológica debe ir
acompañada de otras medidas como la inclusión de mano de obra calificada y la
adopción de la misma.
En este orden de ideas, el aumento de la producción
es una realidad en Brasil, ya que, según la
investigación del IBGE[i],
en el año 2008, a pes[ii]ar
de la crisis financiera
mundial, Brasil tuvo una producción agrícola
récord, con un crecimiento del orden del 9,1% en relación al año anterior,
motivada principalmente por las condiciones climáticas favorables. La
producción de granos ese año alcanzó la cifra inédita de ciento cuarenta y
cinco millones cuatrocientas mil toneladas.
Esa producción fue la mayor registrada en la historia; hubo un
aumento, en relación al año anterior, del 4,8% del área plantada que ascendió a
sesenta y cinco millones trescientos treinta y ocho mil hectáreas. La cosecha
récord generó ciento cuarenta y ocho mil millones de Reales, teniendo como
principales productos el maíz (con un crecimiento del 13,1%) y la soja (con un
crecimiento del 2,4%).
Conclusión
A lo
largo del trabajo se pone en evidencia la defensa y el empeño que Brasil
mantiene frente a su sector agrario, para que este fuera, sin duda su mayor
soporte en el sector exterior. Es destacable el rumbo que toma el auge del
sector agrario en este país, a pesar que autores como Fajnzylber mencione que
es mas favorable apostarle a la industrialización que a la transformación
estructural del sector agrícola. No obstante, a pesar que Brasil se posiciona
en la región como una de las más importantes economías industrializadas, la
relación de este sector con sus exportaciones a nivel internacional son
reducidas en comparación con las exportaciones hacia la región de productos con
mayor valor agregado.
El mejoramiento a futuro de Brasil
depende de mantener su ampliación de relaciones comerciales con Asia y con la
misma región, para posicionarse como exportador en otros sectores de su
economía. El trabajo logra profundizar sobre como este país ha sido un caso
excepcional, contra todos los pronósticos y pone en evidencia su magnífica
estrategia para avanzar en el duro campo del comercio internacional.
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[i] Con el plan la inflación de
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1996.



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