martes, 1 de julio de 2014

INTERNACIONAL: El auge de Brasil en el comercio internacional desde la perspectiva de desarrollo del sector agrario


El presente ensayo expone el debate en torno a la inserción de Brasil en el comercio internacional y el rol que ha jugado la agricultura en dicho proceso, centrándose en el periodo comprendido de los 90 hasta el 2010, con el gobierno de Lula Da Silva. El propósito de esta investigación es analizar la inserción del país en el mercado global e indagar sobre la posición de Brasil frente a las relaciones comerciales y la conveniencia de mantenerlas en un marco de desigualdad, frente a los países desarrollados. Este panorama marcó los cambios más significativos en la política exterior del país para situarlo hoy en día como uno de los mayores exportadores en Latinoamérica.

Sin embargo, resulta interesante como en Brasil se inicia la desgravación arancelaria gradual del sector agrario y sus productos, fomentando una amplia competencia con los otros mercados sin ningún tipo de barreras, a pesar  de que algunos países desarrollados mantendrían la protección para su sector agrario. En Brasil, se lograron implementar aspectos como: La financiación, la mayor productividad, la trasferencia de tecnología, la infraestructura, los cuales favorecieron notablemente el crecimiento del sector de exportaciones.

El trabajo procura hacer un análisis desde el neoestructuralismo, a partir de la relación de Brasil con los países desarrollados y como este paradigma ha incidido en el comercio internacional, a partir del desarrollo de su sector agrario interno. “El neoestructuralismo ha intentado ofrecer una visión alternativa a la visión neoclásica dominante y sus diversas derivaciones, con autores como: Fernando Fajnzylber y de Ugo Pipitone” (Osorio, 2001).

Por esto, la problemática es: ¿De qué manera los cambios en las relaciones comerciales han logrado el desarrollo del sector exportador coadyuvado por la producción primaria, desde la apertura comercial (1990) hasta el gobierno de Lula Da Silva 2010?

La hipótesis plantea que: A pesar de que Brasil desde la apertura comercial al mercado internacional ha tenido que enfrentar barreras institucionales por parte de los países desarrollados, esto no ha impedido que hoy en día sea el más grande exportador de Commodities (en especial derivados del agro) en Latinoamérica, debido a la creciente importancia de este sector y su aporte a la economía del comercio internacional Brasileño. 

En la primera parte, se detalla la inserción de Brasil en el mercado internacional, resaltando su proceso de liberalización y establecimiento de oferta para la exportación, en la segunda parte, se plantea como a pesar de las reglas  fijadas con la OMC donde se eliminan todo tipo de barreras, Brasil ha tenido que lidiar con las barreras que le han impuesto los países desarrollados a sus exportaciones. En tercer lugar, se aborda el posicionamiento de Brasil como el primer exportador en Latinoamérica a partir de las estrategias implementadas que lo posicionaron en el sector exterior y el cuarto lugar, se profundiza sobre la incidencia del sector primario y su rol en el auge exportador de Brasil.

Una mirada sobre la liberalización económica de Brasil.

La economía de Brasil antes de la liberalización de mercado se inscribía en un modelo proteccionista, donde, “la economía brasileña era bastante cerrada al comercio exterior contribuía a ello una fuerte política de sustitución de importaciones aplicada en el país desde la década de 1950” (Schaeffe & Cia, 2003). En este sentido, emerge la crisis fiscal y se dispara la tasa de inflación, además de “la dificultad del Estado para obtener recursos para inversiones en infraestructura e incluso para satisfacer las necesidades básicas de la población” (Schaeffe & Cia, 2003)

Para mitigar los impactos de la crisis, en 1990, “la economía brasileña experimento una serie de reformas que aunque hayan sido eficientes en el sentido de reducir considerablemente los elevados índices inflacionarios. En el mandato de Collor de Mello (1990-1992) se eliminaron subsidios y se redujeron los incentivos que beneficiaban a los exportadores, esto produjo una rápida apertura del país al mercado exterior” (Schaeffe & Cia, 2003) 

Pero sin duda, la intervención de la OMC, siendo el organismo internacional garante del cumplimiento y aplicación de las normas de comercio entre países, fue determinante al negociar entre sus miembros importantes medidas con vías a mantener la libre circulación de mercancías. En el contexto de la Ronda de Uruguay (1986-1993) se quería llegar a un acuerdo sobre la política de aranceles, además de otros puntos como: La protección de la propiedad privada, la desregulación de los precios de la mayoría de los productos, la libre circulación de los capitales y la desregulación del Estado en la intervención de la liberalización de la economía, también se propuso la supresión de subsidios y demás apoyos del sector agrario para que no incidiera en forma negativa en otras economías. 

Conceptualmente la liberalización del mercado se concibe como la reducción de las barreras arancelarias al comercio internacional, en tanto “la liberalización aumenta la competencia entre los productores locales, entendiendo que puede significar la caída o el auge de algunos sectores” (Groizard, 2006), lo cual depende de la respuesta de los sectores en el largo o corto plazo. Por otra parte, la reducción de barreras arancelarias a las importaciones implicó un menor control sobre el intercambio de bienes y servicios. “Los países en desarrollo se mostraron interesados en un amplio procesos de liberalización de barreras tarifarias y no tarifarias, en cuanto a la cobertura de productos como a la aplicación de desgravación arancelaria” (Iturregui & Wade, 1993). Por otra parte, los países desarrollados mantenían fuertes medidas de protección.

Lo más complicado en las negociaciones fue sin duda, el aspecto sobre la agricultura al querer establecerse “normas de excepción que se ha constituido en el principal fuente de conflicto en el conjunto de la Ronda Uruguay, el objetivo era la disminución del nivel de subsidios directos e indirectos el cual ha sido de difícil materialización” (Iturregui & Wade, 1993). De esta manera, países como “EEUU presentó un proyecto de eliminación lisa y llana de la protección agrícola, pero Japón y la CEE buscaron limitar dichas reformas” (Iturregui & Wade, 1993). Es allí, cuando se tejen ciertas divisiones entorno a lo que debe regir para la comunidad de países, porque de esta manera es como lograría concretarse acuerdos que deben ser respetados por todos en favor del comercio exterior.

Retomando la estrategia frente al sector agrario, para los países en vías de desarrollo como Brasil, una de las condiciones para alcanzar el desarrollo desde la perspectiva de Pipitone es “la necesidad de «profundas transformaciones en las estructuras productivas agrícolas», ya que «una agricultura moderna y eficiente... parecería ser una conditio sine qua non para la salida del atraso económico»” (Osorio, 2001). En esta dirección, la desprotección del sector agrario va en contra vía del desarrollo de su estructura productiva, lo cual resulta preocupante en un primer momento por las negociaciones y sus implicaciones.

Además de lo anterior, el proceso de apertura en Brasil tuvo dificultades, ante la variación en la tasa de cambio, debido a la ampliación de la oferta de productos importados, sin que paralelamente se ampliaran las exportaciones, además de la fuerte entrada de capitales externos. En este sentido, “Brasil pasó de una posición de superávit a déficit en la balanza comercial” (IICA, 2000). Por esto, el gobierno se ve obligado a implantar medidas como el Plan Real[i], el cual buscaba mantener controlada la hiperinflación.

Al igual que el resto de Latinoamérica, Brasil posee una oferta exportable centralizada “en los commodities y productos industriales con baja intensidad tecnológica; en contrapartida, las importaciones son tecnología y servicios de gran valor añadido” (Valotto Patuzzo, 2010) . Por esto aparece la preocupación sobre sí, de alguna manera “crecería el riesgo de no elevar las exportaciones en el sector agrícola de forma substancial, contribuyendo a reducir el saldo positivo en el comercio de bienes” (Valotto Patuzzo, 2010). Esta desconfianza se incrementa a puertas de la crisis asiática cuando a nivel internacional, “la reducción en el crecimiento del PIB, con la caída y cantidad de las commodities industriales y agrícolas y la repatriación de los capitales de los países emergentes a su lugar de origen, y esta incertidumbre se agravó a finales de 1997” (Valotto Patuzzo, 2010)

Siendo las economías latinoamericanas el atractivo para la inversión extranjera, es con la entrada de IED lo que permite entre los años 1998 y 1999, “la balanza comercial vuelva a estabilizarse gracias a las exportaciones de bienes, que se incrementan de manera substancial a partir del año 2000” (Valotto Patuzzo, 2010). Sin embargo, Brasil, a pesar de su logro en el aumento de la capacidad industrial, el déficit que permanece no es el de la balanza comercial de bienes primarios, sino en la imposibilidad de consolidar ampliamente el mercado de bienes con gran valor agregado sobre los commodities, que no ofrecen grandes ingresos, ni mercados estables.

Luego de abordar la liberalización en  Brasil, ahora se plantea como dichos efectos no provienen por si solos del contacto con el comercio exterior, sino también, por la falta de cumplimiento de los países desarrollados en la supresión de las barreras y demás obstáculos fitosanitarios. Esto afecto directamente a la economía brasileña, al impedir la ampliación de su mercado de exportación en los países desarrollados.

 La problemática relación comercial entre Brasil y los países desarrollados.

En el caso de Brasil, ha sido difícil la relación comercial con el sector externo, especialmente con los países desarrollados, quienes mantienen ciertas reservas frente a la total desprotección del sector agrario, a pesar de que, “el eje central del acuerdo agropecuario gira en torno a la meta de liberalización agrícola a través de la cláusula de libre acceso a los mercados, ya que determina en gran medida los alcances del proceso de liberalización (…) En esta medida, los países que importan alimentos y compiten con productos que mantiene ayudas estatales, esto desestabiliza los precios o cuando se mantienen costos arancelarios elevados” (Fritscher Mundt, 2014)

Las medidas que se emprenden de manera individual en cada país  no respetan los acuerdos, terminan por desestabilizar las economías de otros países, al proteger las economías nacionales, siendo paradójico que “las economías como las desarrolladas son las que menos han cumplido con los acuerdos de libre comercio y eliminación de subsidios a la producción de los alimentos” (García Zamora, 2002).

La explicación sobre este hecho se debe a que desde el GATT se promovía el derecho de excepción al cumplimiento de las reglas comerciales para EEUU. Pero, “los demás países integrantes del organismo de igual forma refrendaron el derecho al uso de instrumentos que distorsionaban el comercio” (Thorstensen, 1998). No obstante, se constituye en una limitante, ya que “en los años ochenta, el comercio mundial de productos agrícolas se vio perturbado, porque en ese entonces la Comunidad Europea siendo una potencia exportadora de alimentos, subsidiaba fuertemente sus actividades agrícolas, siendo el responsable de la crisis de sobreoferta que se abatió sobre el mundo agrícola a partir de mediados de dicha década”. (Presotto Nunes, 2007)

En razón a esta crisis, todas las medidas relacionadas con subsidios a la exportación y a la producción de alimentos se consideraron como una amenaza que terminaría por distorsionar el comercio agrícola. En consecuencia, “se crea una normatividad alternativa, centrada en el libre comercio agrícola, el GATT junto con otros países exportadores netos, exigieron la anulación en el ámbito multilateral todos los elementos de distorsión vigentes en el comercio internacional, compuestos básicamente por subsidios a los precios y medidas de protección en las fronteras. (Fritscher Mundt, 2014). Sumado a lo anterior se presenta un problema en la demanda y la oferta que ocasionan fuertes impactos en los precios que tienen una tendencia a la baja “Como han mostrado los modelos económicos de la Ronda de Doha, las reformas que están en la mesa de negociaciones de la OMC están proyectadas para generar impactos positivos restringidos en la producción y los precios de la mayoría de los commodities” (Fritscher Mundt, 2014).

A modo de ejemplo, según la OECD (2000), “en 1999, Canadá otorgó un subsidio per cápita a sus productores del orden de 9 000 dólares, Estados Unidos lo hizo por 21 000 dólares” (Fritscher Mundt, 2014). La destinación de recursos demuestra la gran importancia de este sector para EEUU y Canadá. Además, otros argumentos aclaran que existe una tradición en los países desarrollados de una amplia “injerencia en el terreno de la producción en cada país con el fin de regular el abasto y los precios de los alimentos” (Fritscher Mundt, 2014). Igualmente, los países desarrollados también han sido afectados por las crisis mundiales y ante el riesgo de altos niveles de desempleo y alta competencia en importaciones, estos países protegen sus sectores.

En el caso de Brasil,  ha tenido que enfrentarse a medidas que obstruyen su comercio exterior, sin poder acudir a un organismo que actué con justicia y equidad, respetando las reglas comerciales, porque los existentes son más afines a los países desarrollados. Por ejemplo, “los procesos anti-dumping, eran llevados a los mecanismos de solución de controversias en la OMC, el juzgador padecía de vicio político y siempre daba la causa a los ricos, en el caso de: Las exportaciones de gasolina a los Estados Unidos, del café soluble para Europa y de los subsidios canadienses a la industria aeronáutica” (Valotto Patuzzo, 2010).

Para ampliar cada caso: EEUU conservó un gran número de barreras a las importaciones brasileñas de manufacturados y productos primarios, ocasionando perdidas al país.

Con Canadá se presentaron conflictos, como parte de las sanciones propuestas desde la OMC, se castigo a Brasil por disfrazar sus subsidios en empresas exportadoras de aviones; constituyéndose casi una guerra comercial usando tácticas como las siguientes: “Canadá, frente a las exportaciones de carnes brasileñas, alardeaba por el mundo de que había una contaminación en su cabaña ganadera por la epidemia de las “vacas locas”, que no existía” (Valotto Patuzzo, 2010).

Por lo tanto, Brasil adoptó una decisión frente al duro escenario comercial, en el cual primaba su desventaja ante los países desarrollados y los mecanismos de conciliación como la OMC, por esto ”el gobierno de Lula da Silva, que comenzó en 2003 con una fuerte mirada en lo que parece ser el interés nacional, sus prioridades pasaron a ser la integración sudamericana, la consolidación de alianzas con los países del Sur y el fortalecimiento de la posición negociadora del país en foros de comercio internacional” (Groizard, 2006).

De frente a los bloqueos y distorsiones en las negociaciones, “el gobierno de Lula introduce cambios paulatinos en el desempeño de la política comercial brasileña para adaptarla a los nuevos objetivos y prioridades, como: La resistencia a negociar los acuerdos comerciales con los países desarrollados, particularmente con los Estados Unidos, la reformulación del proceso de negociaciones del ALCA es propuesta por Brasil, con el objetivo de reducir el grado de ambición del proyecto y se intensificaron las reticencias para negociar los temas no estrictamente comerciales” (Valotto Patuzzo, 2010)

Según Arghiri Emmanuel el deterioro o mejoramiento en los términos de intercambio impacta en la condiciones de desigualdad, las negociaciones comerciales y los intercambios al ser desiguales, son perjudiciales para el país con menor poder económico, pero si los intercambios se realizan entre países de características similares, los acuerdos pueden ser funcionales, como ejemplo: “El gobierno pasó a evitar negociaciones de disciplinas de intereses con los países desarrollados, como la protección de las inversiones extranjeras, el acceso a licitaciones públicas o nuevas reglas para el comercio de servicios” (Valotto Patuzzo, 2010).

Es trascendental para Brasil ahora, “las negociaciones bilaterales con los países del Sur, sobre la propuesta de que el dinamismo en el comercio internacional se encuentra en los países en desarrollo y que las posibilidades de crecimiento de los flujos comerciales con los países del Norte ya estaban agotadas, y se lanzaron y enfatizaron nuevas negociaciones” (Valotto Patuzzo, 2010). Además, el auge de las economías latinoamericanas es un indicio de como, estas al ser resistentes en medio de la crisis del 2008 que afectó principalmente a las economías desarrolladas, se puede ver que, el rumbo está en la emergencia de nuevas economías y basadas en ajustes estructurales como son “precios favorables para productos exportables latinoame­ricanos centrales –hidrocarburos, productos minerales y, en menor medida, agrícolas–.” (Ocampo, 2007.)  Así mismo, la conciencia del modelo económico usado hasta el momento por los países en desarrollo y su relación con el mundo desarrollado ha tenido muy pocos aportes.

De esta manera, los resultados para Brasil en materia exterior cambiaron positivamente “en el trienio 2003-2005 las exportaciones fueron un 65 % superiores y el saldo de la balanza comercial de bienes casi se multiplicó por siete en relación con el trienio anterior 2000-2002, llegando en 2008 a 197,9 mil millones de dólares y, esto afectado en el último trimestre del año por la fuerte crisis financiera que afectó a sus principales mercados de exportación, Estados Unidos y Unión Europea.” (Polonia Ríos Y Iglesias, 2005).

La emergencia de Brasil como potencia exportadora de producción primaria en Latinoamérica.

Actualmente, Brasil ha logrado sobresalir del conjunto latinoamericano, puesto que su nivel de exportaciones ha aumentado significativamente, a pesar de las constantes barreras que encontraba en el comercio internacional, Brasil mediante su estrategia de focalizarse en la negociación con otras economías, ha llegado a ser una potencia regional. Hoy en día. “Brasil es la mayor economía de América Latina, ha logrado una gran estabilidad macroeconómica durante los años 2000” (Valotto Patuzzo, 2010). Del mismo modo tal crecimiento se basada en amplias políticas de liberalización comercial y financiera. Sergio Schlesinger señala que “hace ver que la base de ese crecimiento ha sido la agricultura empresarial de uso intensivo de capital, bajo un modelo de alta sofisticación tecnológica” (Schlesinger, 2009)

A continuación, el balance a nivel regional posiciona a Brasil como “el mayor exportador de la región en estos cultivos” (Weinsteiner, 2007). Este argumento se refuerza con la siguiente tabla tomada del informe denominado “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe”, FAO 2014.

Tabla 1: Comercio Agroalimentario de América Latina y el Caribe, millones de dólares 2012

 Fuente: Comercio Agroalimentario de América Latina y el Caribe, millones de dólares 2012 obtenido de la GTA (consulta en línea)

 
En cuanto al comercio a nivel regional, según datos del 2012, “Brasil y Argentina son los principales exportadores agroalimentarios de la región, representando en conjunto el 58% del valor de estos productos; por el lado de las importaciones, México concentra el 30% del total de la región, seguido de Brasil con un 13% y Venezuela, al igual que el conjunto de los países del Caribe, con un 9%”. Según la siguiente grafica tomada del mismo documento FAO 2014.

Grafica 1: Origen y destino del comercio (%) agroalimentario en América Latina y el Caribe 2012
 
 
 Fuente: Comercio Agroalimentario de América Latina y el Caribe, millones de dólares 2012 obtenido de la GTA (consulta en línea) 


No hay que olvidar que un hecho importante en cuanto al comercio internacional fue la crisis del 2008, donde, según la OMC se redujo significativamente el intercambio comercial, no solo en los países desarrollados, sino que también hubo cierta reducción en países como Brasil, manteniendo la continuidad del intercambio de algunos productos. “Brasil perdió un 24,7 % en las exportaciones y un 31,1 % en las importaciones de enero a agosto de 2009 en comparación con el mismo periodo de 2008 y obtuvo un incremento de 18 % en el saldo acumulado del periodo” (Valotto Patuzzo, 2010).

De esta manera, la actuación de Brasil y su atención en el sector agrario fue fundamental, porque, ante la quiebra del Banco norteamericano Lehman Brothers, el gobierno de Lula subasta de 500 millones de dólares para contener el alza del dólar, “abre líneas de créditos para el sector agrícola (5 mil millones de dólares), exportador (5 mil millones de dólares), cambia las reglas de pago del “compulsorio” que significa la liberación en la economía de aproximadamente 15 mil millones de euros” (Valotto Patuzzo, 2010). La contingencia es el resultado del juego de las fuerzas económicas, si Brasil no atiende con medidas inmediatas, los efectos de la desestabilización del dólar hubiera afectado significativamente el precio. Por su parte, la dirección de los recursos van sector agrícola siendo este representativo, al ser dicho sector, el que en su mayoría aporta en exportaciones.

Tabla 2: Principales exportadores e importadores de productos agrícolas 2011

 
Fuente: OMC 2011 disponible en http://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/its2012_s/its2012_s.pdf

En conclusión, es indiscutible como el sector exterior y la dinámica del comercio internacional, ha logrado que Brasil adopte cada vez mejores soluciones, respecto al progreso de su condición como exportador y el mantenimiento de una de sus principales actividades, al posicionarse en al región.  Aunque, en su mayoría continúe exportando materias primas, su auge es significativo no solo para Latinoamérica sino también para países como China quien es uno de sus mayores socios comerciales en exportaciones. 

En este orden de ideas, el posicionamiento de sectores como el agrario, es impresionante, debido a que sobresale en un país de gran extensión, el éxito de Brasil se obtiene, en parte por los productos agropecuarios, los cuales representan alrededor del 30 % del total de los ingresos de exportación del Brasil. “La agricultura sigue siendo importante ya que representa alrededor del 11 por ciento del PIB y el 25 por ciento del empleo total. Si se incluyen las actividades transformadoras y las relacionadas con los procesos de producción, el aporte al PIB alcanza hasta un 35 por ciento. El crecimiento del sector ha sido impresionante: en los años noventa, la producción agrícola total aumentó casi un 40 por ciento” (FAO, 2006).

Finalmente, en referencia al auge en el sector exportador de Brasil, a partir del importante avance del sector agrario, es significativo anotar su aporte, si bien aún falta mucho por solucionar en dicho sector, ha sido crucial su rol en materia de exportación.


El rol del sector agrario en el sector externo de la economía brasileña

Antes de señalar los adelantos de este sector, como se mencionaba, todavía persisten serias dificultades para consolidarse como un sector sin costos sociales, además de los problemas de desigualdad que persisten en toda la región latinoamericana, la ampliación de la brecha entre los pequeños y grandes productores. A pesar de esto, “existe un amplio consenso político sobre los beneficios sociales netos de la liberalización, a pesar de sus costos sociales, a los cuales el Gobierno debe hacer frente mediante programas de asistencia selectiva para ayudar a los grupos afectados durante el proceso de transición” (Valotto Patuzzo, 2010).

Ahora, resaltado los progresos significativos, se puede relacionar con el tema de la ampliación de la producción, el aumento del empleo rural y la implementación de avances tecnológicos en la producción del sector agrario, lo cual permitió un mayor rendimiento, tal y como lo de muestran los resultados.

El empleo formal en Brasil ha presentado grandes mejoras, ante la reducción del desempleo, sin embargo, “se trata de un hecho poco frecuente en la región y de especial significación para el sector rural” (Valotto Patuzzo, 2010). Aunque, según José Graziano da Silva, Grossi y Campagnola “El buen desempeño de la agroindustria no se correlaciona con el crecimiento del empleo agrícola, debido a que, las actividades estrictamente agrícolas han disminuido su capacidad de emplear trabajadores, en comparación con las actividades rurales no agrícolas, que está avanzando significativamente en el sector rural” (Silva, 2013).

Según algunas estimaciones: El empleo rural, su ritmo de crecimiento entre los años 2000 y 2009, en un 33%, y benefició especialmente a los sectores de menores ingresos. Dicho aumento puede explicarse por la oferta de trabajos más calificados en “las labores de cosecha en plantaciones tales como café, caña de azúcar, algodón y naranja, y por otro, un aumento de las acciones de fiscalización del Ministerio del Trabajo en estas zonas de producción” (Silva, 2013).

Por su parte, la institucionalidad es amplia para el desarrollo de los programas específicos y la asistencia técnica, investigación y financiamiento del sector como son: “el Ministerio de agricultura familiar y la reforma agraria, el Ministerio de Desarrollo Agrario, este último cuenta con cuatro Secretarías que concretan un conjunto de políticas específicas: de Agricultura Familiar (SAF); de Desarrollo Territorial, de Reordenamiento Agrario y la Secretaria Extraordinaria de Regularización Fundiaria en la Amazonia Legal; además del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria” (Silva, 2013).

Frente al avance tecnológico, este juega un papel clave en el sector agrario, “en particular en el caso de la soja. Según Sanches y Rössing (2005) la generación de tecnologías habría sido uno de los factores fundamental para Brasil para aumentar su producción de soja, que ocupa la en segundo lugar entre los mayores productores de soja del mundo. La evolución de la siembra y la producción de soja es rápida en Brasil: en 1975 se producía más de 10 millones de toneladas al año, pero en 2003, el país ya estaba produciendo unos 50 millones de toneladas. Es así, como desde el paradigma neoestructuralista, la incorporación tecnológica debe ir acompañada de otras medidas como la inclusión de mano de obra calificada y la adopción de la misma. 

En este orden de ideas, el aumento de la producción es una realidad en Brasil, ya que, según la investigación del IBGE[i], en el año 2008, a pes[ii]ar de la crisis financiera mundial, Brasil tuvo una producción agrícola récord, con un crecimiento del orden del 9,1% en relación al año anterior, motivada principalmente por las condiciones climáticas favorables. La producción de granos ese año alcanzó la cifra inédita de ciento cuarenta y cinco millones cuatrocientas mil toneladas.

Esa producción fue la mayor registrada en la historia; hubo un aumento, en relación al año anterior, del 4,8% del área plantada que ascendió a sesenta y cinco millones trescientos treinta y ocho mil hectáreas. La cosecha récord generó ciento cuarenta y ocho mil millones de Reales, teniendo como principales productos el maíz (con un crecimiento del 13,1%) y la soja (con un crecimiento del 2,4%).

 
Conclusión

A lo largo del trabajo se pone en evidencia la defensa y el empeño que Brasil mantiene frente a su sector agrario, para que este fuera, sin duda su mayor soporte en el sector exterior. Es destacable el rumbo que toma el auge del sector agrario en este país, a pesar que autores como Fajnzylber mencione que es mas favorable apostarle a la industrialización que a la transformación estructural del sector agrícola. No obstante, a pesar que Brasil se posiciona en la región como una de las más importantes economías industrializadas, la relación de este sector con sus exportaciones a nivel internacional son reducidas en comparación con las exportaciones hacia la región de productos con mayor valor agregado.

El mejoramiento a futuro de Brasil depende de mantener su ampliación de relaciones comerciales con Asia y con la misma región, para posicionarse como exportador en otros sectores de su economía. El trabajo logra profundizar sobre como este país ha sido un caso excepcional, contra todos los pronósticos y pone en evidencia su magnífica estrategia para avanzar en el duro campo del comercio internacional.


Bibliografía



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Weinsteiner, R. (2007). Un estudio de la CEPAL y la FAO apoya la producción de biocombustibles. adnmundo.com.

 
 
 




[i] Instituto Brasileiro de Geografia e Estadística


[i] Con el plan la inflación de 84% en 1991, bajo a 17,5% en 1992, 7,4% en 1993 y así hasta alcanzar el 0% en 1996.

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