En América Latina las discusiones sobre región
se originan en el siglo XIX con el Congreso Antifictiónico de Panamá[1], lo que más adelante se concretaría en los
esquemas actuales de los distintos sistemas de integración[2]. La discusión
sobre región en América Latina inicia a partir de los años sesenta, en el
contexto de la Guerra Fría, allí el concepto de región se refiere a dos
procesos[3]: como la
estrategia de desarrollo económico mediante organizaciones de integración
económica como el Mercado Común Centro Americano y el Pacto Andino y además, los
organismos regionales bajo la hegemonía de EEUU de alianzas militares, para el balance del
poder, entre ellas la OEA y la TIAR.
En la Posguerra Fría emerge un nuevo
regionalismo, el cual incluye un carácter multidimensional, más centrado en
estrategias integrales en materia de seguridad y desarrollo económico, fijando
su posición en el sistema internacional. Además, la agenda común planteaba temas
de política exterior, seguridad regional, medio ambiente, migración y los demás
asuntos que convergen en las distintas políticas nacionales. Sin embargo, este
nuevo regionalismo puede ser la respuesta para la “Trilema”[4]: Nacionalismo,
Integración, Autonomía en favor de la región.
A partir de los 90’s con el Consenso de
Washington, América Latina entra en una etapa de “Regionalismo Abierto” entendida
como aquella integración que obedece a las políticas liberalizadoras, dicho
esquema no permite la diversificación de la agenda por cuanto se promueve
meramente una lógica comercial, la cual entra en crisis a partir del 2000’s, Este
regionalismo abierto ocasiono la ruptura de un proceso regional en el cual
primó lo extra regional más que las relaciones intrarregionales. Por último,
luego de la crisis, se replantea una nueva estructura donde aparece el
Regionalismo post liberal caracterizado por organizaciones como el ALBA y
UNASUR que promueven dinámicas más diversificadas y menos comerciales.
La politización de los procesos regionales y
además del nuevo regionalismo, el cual se dinamiza la estructura comercial, al
priorizar nuevos campos. Es importante anotar la singular conformación de la
región en América Latina al ser renuente a ciertas instituciones “burocráticas”
y la falta de observancia para ciertas leyes comunes, caso diferente de la
Unión Europea. En este marco, surge la
incertidumbre sobre la falta de institucionalidad, la cooperación no comercial y
la importancia del énfasis social, además de la atención sobre el tema
infraestructural regional. En este sentido, la problemática planteada es: ¿En qué medida la consolidación del regionalismo
latinoamericano está determinado por factores intra o extra regionales? La respuesta es que a pesar de la conciencia
sobre la necesaria integración regional en América Latina, motivada por la
preocupación de quedar por fuera del nuevo mapa de la economía mundial,
persisten ciertos factores políticos, económicos y culturales intrarregionales
que no logran afianzar las relaciones entre los miembros, lo que origina una
mayor tendencia hacia el regionalismo abierto con antiguos centros de poder.
I. A pesar de la conciencia sobre la necesaria
integración regional en América Latina, motivada por la preocupación de quedar
por fuera del nuevo mapa de la economía mundial.
La integración regional luego de
constituirse como un elemento defensivo y de protección contra los mercados
externos, ahora, esta dinámica de integración es un medio que permite a Latinoamérica
una mejor inserción en el sistema internacional, ante la imperiosa necesidad de
contribuir al mejoramiento de la competitividad y promover la liberalización
conjunta. En este sentido, el cambio de estructura económica es determinante,
ya que el Estado, era la unidad donde se promovía las dinámicas de comercio y
la reglamentación que permitía el funcionamiento de los mercados. La región en
América Latina es motivada por la lógica de los bloques regionales, que son
protagonistas en el escenario internacional. Por otra parte, se busca mejorar
la competitividad de grandes sectores de las economías nacionales. “La
regionalización económica impulsada cada vez más por las políticas y las
preferencias de las empresas transnacionales, y la política de integración
económica regional tiene que ser entendida en términos de un convergencia de
intereses entre las élites estatales y de las empresas en respuesta a los
cambios estructurales en la economía mundial”[5].
En este sentido la importancia no es solo
económica, ya que los beneficios pueden ser mayores ante la formación de una
nueva agenda regional que incluya el fortalecimiento de la cooperación y facilitando
la inclusión de programas sociales y destacar ciertas asimetrías innatas en el
proceso de integración, finalmente se focalizan temas de: infraestructura
regional, energía, finanzas y seguridad. Esta estructura se plantea desde la
Unasur[6], no
obstante, al querer lograr una consenso o una decisión es difícil, ante las
divergencias frente a los distintos proyectos propuestos que favorece la
conectividad a nivel regional en América Latina.”Las propuestas
“post-liberales” son proyectos que concurren en el espacio sudamericano a
partir de marcadas diferencias en cuanto a su alcance, orientación política y
viabilidad”[7].
Todo esto apunta a la persistencia de rivalidades intrarregionales, que
complejizan la situación en torno a la falta de consenso y de iniciativa
política para mantener la unidad en torno a un objetivo claro de integración.
Sin embargo, “El incremento en la conciencia regional no siempre es traducido
en planes concretos para la cooperación o regional”[8].
II. La persistencia de ciertos factores políticos,
económicos y culturales intrarregionales que no logran afianzar las relaciones
entre los miembros, lo que origina una mayor tendencia hacia el regionalismo
abierto con antiguos centros de poder.
A pesar de los
proyectos comunes la obstrucción del proceso regional es inminente, aunque la
integración se forjo de manera subregional y la institucionalidad no logro
afianzarse, la viabilidad de la
estructura regional está en riesgo, ante la debilidad y la falta de atención y concentración
en el proceso Latinoamericano. Los intereses de los miembros es maleable ante
la promoción de sus propios intereses, por ejemplo “Chile se asoció a MERCOSUR en
1996 mediante la suscripción del acuerdo de libre comercio, pero su
incorporación plena fue descartada por el momento debido a las diferencias
entre los aranceles y a la voluntad chilena de conservar su libertad de
negociación individual con terceros países”[9].
Lo mismo en el Pacto Andino ante la falta de garantías que deben obtener todos
sus miembros al negociar en igualdad de
condiciones. En este sentido la incertidumbre es un escenario permanente, al no
contar con institucionalidad que pudiera mediar las relaciones entre los
miembros. A pesar de que en ocasiones fue favorable el manejo informal en la
salida pacífica al conflicto centroamericano (1980) y el Caso del Grupo Rio y
su dialogo con la UE.
El
regionalismo abierto permite las relaciones con socios que se ubican fuera del
continente, ejemplo, los vínculos con Asia Pacifico o Chile y México como miembros de la APEC. “En
materia medioambiental Argentina Brasil, Chile y Uruguay establecieron su
propio mecanismo de cooperación con Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica
conocido como el Grupo Valdivia”[10].
No obstante, puede que llamen a la reciprocidad en América Latina, ya que sus
vínculos son más procesos individuales, al tratar de promover fortalecer lazos con potencias hegemónicas. Partiendo de la frase: “Las distintas opciones
de inserción regional no son mutuamente excluyentes pero si tienden a
superponerse”, pero si no se conserva un equilibrio puede que la elasticidad
del la región termine en un distanciamiento debido a la falta de conciliación
de intereses y su heterogeneidad ideológica.
Por otra parte
es posible que algunos países de la región se vean provocados a retomar antiguos lazos
comerciales ante la falta de continuidad política, lo cual opten por buscar nuevos
horizontes, abandonando el cometido regionalista.
Conclusión
La evolución del concepto de
región nos permitió hacer un análisis paralelo de lo que fue el proceso en América
Latina desde la Guerra Fría. La regionalización es una oportunidad y sus
bondades, facilitan la mejor inserción internacional de la región en su conjunto.
Sin embargo, el regionalismo abierto mantuvo la posibilidad de que se conservaran
ciertos lazos por fuera de América Latina, lo que muy posiblemente termine por
diluir la unidad, ante la falta de interese en el proyecto común y los posibles
beneficios que desde afuera sean más tangibles, provocando que se reproduzca en los demás miembros al reducción del
regionalismo en América Latina.
Los beneficios que pueden obtener mediante el proyecto común son mayores,
ya que no solo consiste en lo comercial sino que puede brindar oportunidades en
materia de infraestructura y conectividad de la región lo que muy posiblemente
favorezca cada nación. El nuevo regionalismo es un proceso inacabado y todo queda
en manos de la resolución de ciertos factores culturales, politicos y de
garantías para retomar el proceso.
Bibliografía
ü Anuario de la Integración Regional de
América Latina y el Gran Caribe 2012. El regionalismo “post–liberal” en América
Latina y el Caribe: Nuevos actores, nuevos temas, nuevos desafíos.
ü Colombia y la integración CAN- Mercosur;
oportunidades y obstáculos. En Serie estudios y perspectivas: Las negociaciones
comerciales de Colombia; del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a un
TLC con EEUU. CEPAL. 2005.
ü HURRELL ANDREW 1995. Al explicar el
resurgimiento del regionalismo en la política mundial.
ü Van Klaveren Alberto. América Latina: Hacia
un regionalismo abierto. 1997
[1]Entre el 22 de junio y el 15 de
julio de 1826, se reunió en Panamá el Congreso Anfictiónico, el cual tenía el gran
objetivo de crear una confederación de los pueblos iberoamericanos, desde
México hasta Chile y Argentina. Era el momento cumbre de las revoluciones
independentistas hispanoamericanas. Simón Bolívar y el Mariscal Antonio José de
Sucre, acababan de liberar el Alto Perú (Bolivia), último bastión del realismo
español en el continente
[2]FLACSO (2008) Diplomacia de Cumbres.
[3]Anuario de la Integración Regional
de América Latina y el Gran Caribe 2012. El regionalismo “post–liberal”en
América Latina y el Caribe:Nuevos actores, nuevos temas,nuevos desafíos
[5] Franco Rolando. Las dimensiones sociales de
la integración regional en America Latina. CEPAL, 1999
[6] Durante su corta existencia desde su creación en 2008, el
rol de UNASUR como un mecanismo de gestión de crisis, ha sido confirmado. Se ha
convertido en una alternativa a la OEA, fortaleciendo así la autonomía de
Sudamérica frente a Estados Unidos. Al mismo tiempo, los Estados miembros han
continuado negociando la creación del Banco del Sur y han mantenido también una
ambiciosa agenda en cooperación energética vía el Consejo Energético
Sudamericano, el cual fue creado en Isla Margarita en 2007 y ha sido incorporado
formalmente a UNASUR. Anuario de la Integración Regional de América Latina y el
Gran Caribe 2012. El regionalismo “post–liberal” en América Latina y el Caribe:
Nuevos actores, nuevos temas, nuevos desafíos.
[7] Gardini,
Gian Luca, The EU : a reference not a model for Latin American
integration. In: Arenas Valverde,
G. and Casaneuva, H., eds. 2011
[9] Franco Ibíd.
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