martes, 1 de julio de 2014

RESEÑA: Patiño Villa Carlos Alberto, Estado, guerras internacionales e idearios políticos en Iberoamérica, Bogotá D.C., Editorial Universidad Nacional de Colombia, 2012, pág. 273.



El profesor Carlos Alberto Patiño Villa es Licenciado en historia y Doctor en filosofía, escritor de varios textos, entre ellos: “Guerras de religiones y la violencia del siglo XXI” y "La guerra y construcción del Estado en Colombia 1810-2010". Sus investigaciones versan en temas como: La construcción del Estado, los conflictos internacionales, las relaciones internacionales, la nación, la religión y el poder. Actualmente es Director del Instituto de Estudios Urbanos, IEU de la Universidad Nacional y ex director de la Unidad de Medios de Comunicación – Unimedios.

A propósito de la celebración del bicentenario de la Constitución del Cádiz (1812), se construyeron una serie de análisis inéditos, publicados en este texto, a partir de una investigación en torno a: ¿Cómo son los Estados que conforman la región de América Latina en la conmemoración del bicentenario? En este sentido, el libro se estructura en torno al análisis de la formación de los Estados desde el rol de las guerras y los idearios políticos. Para ello, se reúnen especialistas, entre destacados historiadores e investigadores,[1] quienes dan un giro a las tradicionales teorías sobre el origen del Estado Iberoamericano.

Cada uno de los capítulos responde a una pregunta de investigación dirigida a cuestionar esquemas rígidos del pensamiento. Metodológicamente, ofrece una revisión historiográfica sobre Iberoamérica y comparativa frente a las teorías concebidas en un contexto europeo, con el fin de encontrar vías alternas sobre la emergencia de los Estados en Iberoamérica. Adicionalmente, se profundiza en el caso de Brasil, México, España y Colombia, analizando su carácter originario, resaltando el surgimiento del caudillismo, las guerras civiles y las hegemonías partidistas.

El texto inicia con Fernán González (Cap. 1), quien cita a M. A. Centeno y Charles Tilly como exponentes del análisis de la relación entre las guerras nacionales, el monopolio de la coerción y el capital como determinantes para la construcción de Estados con mayor capacidad y organización administrativa. Pero, la tradición Iberoamericana pone en cuestión este planteamiento: ¿Por qué las guerras no generaron Estado? A pesar de que si se desató fuerzas bélicas en la región, fueron insuficientes para sostener un pleno desarrollo militar, fiscal y administrativo de los Estados. Centeno afirma que las guerras requerían previamente de una mayor centralización de las élites, ante su probable segmentación interna.

Así mismo, Tomás Pérez define las Guerras de independencia como guerras civiles, siendo estas  protagonistas del inicio de la modernidad política en Hispanoamérica (Cap. 2). El carácter de las guerras civiles explicaría la fragilidad de los Estados, el auge de los privilegios de unas minorías y de la inequidad en el sistema. Así, se visualizan enfrentamientos carentes de ideales de independencia y libertad, inclinados más a la defensa de intereses, lo que configuró la ruptura y la inestabilidad política en el siglo XIX. La incapacidad de hacer la guerra y la heterogeneidad cultural impidió la estabilidad de las naciones.

En el plano ideológico, contrario al predomino de la secularización del poder luego de la independencia (Cap. 3), en la conformación de los Estados, surge una fuerte reivindicación de los sectores conservadores sobre el rol estabilizador de la monarquía y del orden cristiano, constituyéndose en un hecho critico para quienes perseguían valores distintos,  suscitando la polarización política. Se forjó una nueva identidad política sobre el ideal católico, que desde España logra difundirse en América Latina (Ecuador, Colombia, Chile y Venezuela), sin que llegase a ser igual al conservatismo español. Con el auge de la hegemonía conservadora, en España brota el nacionalismo autoritario con Franco, al igual que en América Latina, con el corporativismo autoritario representado en los gobiernos autoritarios en cabeza de un caudillo.

Ampliando el contexto de los Estados de la región, se analiza el caso de Brasil (Cap. 4) el cual se diferencia de Hispanoamérica y se destaca por su complejidad en el presente. Su llegada a la democracia sin la intervención bélica y el mantenimiento de los límites del territorio tras la independencia es un éxito en la construcción de Estado comparado con “el fracaso hispanoamericano”. Llama la atención el acentuado nacionalismo y la independencia libre de luchas contra el despotismo, luego de ser una colonia portuguesa y al constituirse como territorio de la monarquía.

En seguida Rodríguez Zepeda analiza el origen del autoritarismo mexicano en el siglo XX, durante el cual, la Constitución como mandato legal y legitimo del Estado fue transgredido por la dinámica política (Cap. 5). De esa manera, el Estado post revolucionario mexicano se reconoce como autoritario, ante la debilidad legal e institucional del Estado y a la vez por la fortaleza del dominio político, al mantener en el poder al partido hegemónico, haciendo inviable el orden constitucional. Tras la figura del Estado de derecho y el orden legal subordinado se conservan los líderes políticos quienes se declaran constitucionalistas.

El caso de España es trabajado por Pedro Rivas, quien se cuestiona si es o no Europa (Cap. 6). Sus argumentos sostienen la persistente alineación de España a las tendencias europeas, a pesar de su pluralidad de naciones y su carácter de Estado autonómico, su institucionalidad ha adoptado valores de la administración pública francesa, aunque ciertos rasgos lo fijan como el Estado más débil de Europa. Desde la monarquía del siglo XVII ya figuraban aspectos de un Estado moderno europeo. En España, se destaca en la guerra contra la invasión napoleónica, la cual es representativa en occidente por la difusión de la conciencia nacional que se propagó en el resto de Europa. A pesar de la brecha franquista, España continua inmersa en la dinámica europea, al compartir sus mismas problemáticas.  

En el caso del Nuevo Reino de Granada (Cap. 7), allí se analiza la consolidación del Estado desde la independencia, sus posteriores guerras civiles y fracturas regionales, según Reyes Cárdenas, los regionalismos marcaron el fortalecimiento de centros de poder, mediante el cual se puede comprender los obstáculos que se perfilaron en la construcción del Estado. Posterior al colapso de la monarquía se posicionan formas de poder, constituidas para la defensa de los intereses de las elites. La continuidad del conflicto luego de la independencia dificultó el proceso institucional del Estado.

Es así como, la formación del Estado en Colombia (Cap. 8) se sitúa precisamente en medio de dinámicas regionales del siglo XIX, representadas en guerras civiles, pero, según E. Gellner y Norbert Elías, “la construcción del Estado está en la integración de territorios y grupos sociales en torno a la consolidación de instituciones, los procesos de identidad y legitimidad mediados por conflictos y tensiones”. Por esto, se discute: ¿En qué medida las guerras civiles fueron o no constructoras del Estado colombiano durante el siglo XIX? La respuesta retoma el enfrentamiento entre hegemonías regionales e involucra el protagonismo de los partidos políticos y sus jefes populares (caudillos) quienes fueron clave en la construcción del Estado, al tener como horizonte la pugna por sus intereses, ya que promovieron conflictos en las bases sociales y la subordinación de los sectores populares a los controles de los partidos. Esto se tradujo en un vaivén entre un Estado Laico y un Estado Conservador en el siglo XIX. Aunado a esta inestabilidad, las tensiones y las guerras fueron contradictorias, ya que, disminuían la legitimidad del Gobierno central, de este modo, se obstaculiza la capacidad de gobernar y marginaliza el fortalecimiento institucional.

El ultimo capitulo de Patiño Villa es conclusivo (Cap. 9), por cuanto señala la importancia de tomar distancia del modelo de formación de Estado europeo frente al Iberoamericano. Según Centeno, la baja capacidad de cohesión de las sociedades y las divisiones de las elites ante los conflictos sobre cómo deberían ser las instituciones de los nuevos Estados, dieron como resultado la incapacidad de los nuevos gobiernos para ejercer la autoridad, el control de territorio y el monopolio de las armas. En este sentido, el conflicto se torna recurrente e involucra formas de bandidaje, guerrillas y delincuencia, distorsionando su noción fundadora.

Para finalizar, el texto es el referente por excelencia para entender el modelo de formación del Estado Iberoamericano, el cual pone en tensión la obstinada generalización de las teorías europeas. Las guerras civiles, los idearios políticos y la constitución de figuras caudillistas son factores que se suman a la conformación de los Estados Hispanoamericanos, por consiguiente, se revelar su fragilidad y su fragmentación. Al controvertir los paradigmas dominantes, se logra esclarecer el rol de las guerras en los Estados de Iberoamérica. Por otra parte, las insuficiencias visibles en los Estados deben resolverse, para su mejor conformación y su reforzamiento estructural.

El texto personaliza una contribución valiosa para el debate sobre la formación de los Estados en Iberoamérica. Sin duda, es un aporte para la comprensión de las actuales tendencias en la región y la dirección de las mismas. Este trabajo académico es riguroso al incluir nuevos elementos, que a consideración de los autores, deben incorporarse de ahora en adelante, cada vez que se estudie el origen de los Estados de este hemisferio. El detalle de cada una de las investigaciones implicó el necesario replanteamiento de lo conocido sobre la historia de nuestras independencias.

La disertación de cada autor es compleja, además de facilitar nuevos elementos de análisis que realmente reflejan a nivel teórico el origen de Hispanoamérica. Por último, el libro es recomendado especialmente para quienes se han preguntado por la actual composición o descomposición de los Estados en América Latina.



[1] Los autores se destacan entre colombianos, mexicanos y españoles, la cuota colombiana la conforman Fernán E. González en su enfoque sobre la violencia política en Colombia, Ana Catalina Reyes, Doctora en historia, y Luis Javier Ortiz Mesa Doctor en geografía e historia, escritor sobre guerra civil y conflictos en Colombia. A su turno el mexicano Jesús Rodríguez Zepeda es un destacado escritor sobre el Estado de derecho y su papel en la sociedad moderna. Por último, ilustres españoles como Pedro Rivas quien investiga sobre asuntos de violencia política, guerra, guerrilla, terrorismo y paramilitarismo; Tomás Pérez Vejo quien reflexiona sobre la nación, el nacionalismo y los procesos de construcción nacional en Iberoamérica; Francisco Colom ha escrito sobre Modernidad iberoamericana. Cultura política y cambio social, pluralismo e integración política; y Ángel Rivero destacado Doctor en filosofía, analista de la teoría política y el Nacionalismo

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