El profesor Carlos Alberto Patiño Villa es Licenciado en
historia y Doctor en filosofía, escritor de varios textos, entre ellos: “Guerras
de religiones y la violencia del siglo XXI” y "La guerra y construcción del
Estado en Colombia 1810-2010". Sus investigaciones versan en temas como:
La construcción del Estado, los conflictos internacionales, las relaciones
internacionales, la nación, la religión y el poder. Actualmente es Director del
Instituto de Estudios Urbanos, IEU de la Universidad Nacional y ex director de la
Unidad de Medios de Comunicación – Unimedios.
A propósito de la celebración del bicentenario de la
Constitución del Cádiz (1812), se construyeron una serie de análisis inéditos,
publicados en este texto, a partir de una investigación en torno a: ¿Cómo son
los Estados que conforman la región de América Latina en la conmemoración del bicentenario?
En este sentido, el libro se estructura en torno al análisis de la formación de
los Estados desde el rol de las guerras y los idearios políticos. Para ello, se
reúnen especialistas, entre destacados historiadores e investigadores,[1]
quienes dan un giro a las tradicionales teorías sobre el origen del Estado
Iberoamericano.
Cada uno de los capítulos responde a una pregunta de
investigación dirigida a cuestionar esquemas rígidos del pensamiento.
Metodológicamente, ofrece una revisión historiográfica sobre Iberoamérica y
comparativa frente a las teorías concebidas en un contexto europeo, con el fin
de encontrar vías alternas sobre la emergencia de los Estados en Iberoamérica.
Adicionalmente, se profundiza en el caso de Brasil, México, España y Colombia, analizando
su carácter originario, resaltando el surgimiento del caudillismo, las guerras
civiles y las hegemonías partidistas.
El texto inicia con Fernán González (Cap. 1), quien cita a M.
A. Centeno y Charles Tilly como exponentes del análisis de la relación entre las
guerras nacionales, el monopolio de la coerción y el capital como determinantes
para la construcción de Estados con mayor capacidad y organización
administrativa. Pero, la tradición Iberoamericana pone en cuestión este
planteamiento: ¿Por qué las guerras no generaron Estado? A pesar de que si se
desató fuerzas bélicas en la región, fueron insuficientes para sostener un
pleno desarrollo militar, fiscal y administrativo de los Estados. Centeno afirma
que las guerras requerían previamente de una mayor centralización de las élites,
ante su probable segmentación interna.
Así mismo, Tomás Pérez define las Guerras de
independencia como guerras civiles, siendo estas protagonistas del inicio de la modernidad
política en Hispanoamérica (Cap.
2). El carácter de las guerras civiles explicaría la
fragilidad de los Estados, el auge de los privilegios de unas minorías y de la
inequidad en el sistema. Así, se visualizan enfrentamientos carentes de ideales
de independencia y libertad, inclinados más a la defensa de intereses, lo que
configuró la ruptura y la inestabilidad política en el siglo XIX. La
incapacidad de hacer la guerra y la heterogeneidad cultural impidió la
estabilidad de las naciones.
En el plano ideológico, contrario al predomino de la
secularización del poder luego de la independencia (Cap. 3), en la
conformación de los Estados, surge una fuerte reivindicación de los sectores
conservadores sobre el rol estabilizador de la monarquía y del orden cristiano,
constituyéndose en un hecho critico para quienes perseguían valores distintos, suscitando la polarización política. Se forjó
una nueva identidad política sobre el ideal católico, que desde España logra
difundirse en América Latina (Ecuador, Colombia, Chile y Venezuela), sin que
llegase a ser igual al conservatismo español. Con el auge de la hegemonía
conservadora, en España brota el nacionalismo autoritario con Franco, al igual
que en América Latina, con el corporativismo autoritario representado en los
gobiernos autoritarios en cabeza de un caudillo.
Ampliando el contexto de los Estados de la región, se
analiza el caso de Brasil (Cap.
4) el cual se diferencia de Hispanoamérica y se destaca por
su complejidad en el presente. Su llegada a la democracia sin la intervención
bélica y el mantenimiento de los límites del territorio tras la independencia
es un éxito en la construcción de Estado comparado con “el fracaso
hispanoamericano”. Llama la atención el acentuado nacionalismo y la
independencia libre de luchas contra el despotismo, luego de ser una colonia
portuguesa y al constituirse como territorio de la monarquía.
En seguida Rodríguez Zepeda analiza el origen del
autoritarismo mexicano en el siglo XX, durante el cual, la Constitución como
mandato legal y legitimo del Estado fue transgredido por la dinámica política (Cap. 5). De esa manera, el
Estado post revolucionario mexicano se reconoce como autoritario, ante la
debilidad legal e institucional del Estado y a la vez por la fortaleza del
dominio político, al mantener en el poder al partido hegemónico, haciendo
inviable el orden constitucional. Tras la figura del Estado de derecho y el
orden legal subordinado se conservan los líderes políticos quienes se declaran
constitucionalistas.
El caso de España es trabajado por Pedro Rivas, quien se
cuestiona si es o no Europa (Cap.
6). Sus argumentos sostienen la persistente alineación de
España a las tendencias europeas, a pesar de su pluralidad de naciones y su carácter
de Estado autonómico, su institucionalidad ha adoptado valores de la
administración pública francesa, aunque ciertos rasgos lo fijan como el Estado
más débil de Europa. Desde la monarquía del siglo XVII ya figuraban aspectos de
un Estado moderno europeo. En España, se destaca en la guerra contra la invasión
napoleónica, la cual es representativa en occidente por la difusión de la
conciencia nacional que se propagó en el resto de Europa. A pesar de la brecha
franquista, España continua inmersa en la dinámica europea, al compartir sus
mismas problemáticas.
En el caso del Nuevo Reino de Granada (Cap. 7), allí se analiza la
consolidación del Estado desde la independencia, sus posteriores guerras
civiles y fracturas regionales, según Reyes Cárdenas, los regionalismos
marcaron el fortalecimiento de centros de poder, mediante el cual se puede
comprender los obstáculos que se perfilaron en la construcción del Estado.
Posterior al colapso de la monarquía se posicionan formas de poder, constituidas
para la defensa de los intereses de las elites. La continuidad del conflicto
luego de la independencia dificultó el proceso institucional del Estado.
Es así como, la formación del Estado en Colombia (Cap. 8) se sitúa
precisamente en medio de dinámicas regionales del siglo XIX, representadas en
guerras civiles, pero, según E. Gellner y Norbert Elías, “la construcción del
Estado está en la integración de territorios y grupos sociales en torno a la
consolidación de instituciones, los procesos de identidad y legitimidad
mediados por conflictos y tensiones”. Por esto, se discute: ¿En qué medida las
guerras civiles fueron o no constructoras del Estado colombiano durante el
siglo XIX? La respuesta retoma el enfrentamiento entre hegemonías regionales e involucra
el protagonismo de los partidos políticos y sus jefes populares (caudillos)
quienes fueron clave en la construcción del Estado, al tener como horizonte la
pugna por sus intereses, ya que promovieron conflictos en las bases sociales y
la subordinación de los sectores populares a los controles de los partidos.
Esto se tradujo en un vaivén entre un Estado Laico y un Estado Conservador en
el siglo XIX. Aunado a esta inestabilidad, las tensiones y las guerras fueron
contradictorias, ya que, disminuían la legitimidad del Gobierno central, de
este modo, se obstaculiza la capacidad de gobernar y marginaliza el
fortalecimiento institucional.
El ultimo capitulo de Patiño Villa es conclusivo (Cap. 9), por cuanto señala
la importancia de tomar distancia del modelo de formación de Estado europeo frente
al Iberoamericano. Según Centeno, la baja capacidad de cohesión de las
sociedades y las divisiones de las elites ante los conflictos sobre cómo
deberían ser las instituciones de los nuevos Estados, dieron como resultado la
incapacidad de los nuevos gobiernos para ejercer la autoridad, el control de
territorio y el monopolio de las armas. En este sentido, el conflicto se torna
recurrente e involucra formas de bandidaje, guerrillas y delincuencia,
distorsionando su noción fundadora.
Para finalizar, el texto es el referente por excelencia
para entender el modelo de formación del Estado Iberoamericano, el cual pone en
tensión la obstinada generalización de las teorías europeas. Las guerras
civiles, los idearios políticos y la constitución de figuras caudillistas son
factores que se suman a la conformación de los Estados Hispanoamericanos, por
consiguiente, se revelar su fragilidad y su fragmentación. Al controvertir los
paradigmas dominantes, se logra esclarecer el rol de las guerras en los Estados
de Iberoamérica. Por otra parte, las insuficiencias visibles en los Estados
deben resolverse, para su mejor conformación y su reforzamiento estructural.
El texto personaliza una contribución valiosa para el
debate sobre la formación de los Estados en Iberoamérica. Sin duda, es un
aporte para la comprensión de las actuales tendencias en la región y la
dirección de las mismas. Este trabajo académico es riguroso al incluir nuevos
elementos, que a consideración de los autores, deben incorporarse de ahora en
adelante, cada vez que se estudie el origen de los Estados de este hemisferio.
El detalle de cada una de las investigaciones implicó el necesario
replanteamiento de lo conocido sobre la historia de nuestras independencias.
La disertación de cada autor es compleja, además de
facilitar nuevos elementos de análisis que realmente reflejan a nivel teórico
el origen de Hispanoamérica. Por último, el libro es recomendado especialmente
para quienes se han preguntado por la actual composición o descomposición de
los Estados en América Latina.
[1] Los autores se destacan entre colombianos,
mexicanos y españoles, la cuota colombiana la conforman Fernán E. González en
su enfoque sobre la violencia política en Colombia, Ana Catalina Reyes, Doctora
en historia, y Luis Javier Ortiz Mesa Doctor en geografía e historia, escritor
sobre guerra civil y conflictos en Colombia. A su turno el mexicano Jesús
Rodríguez Zepeda es un destacado escritor sobre el Estado de derecho y su papel
en la sociedad moderna. Por último, ilustres españoles como Pedro Rivas quien
investiga sobre asuntos de violencia política, guerra, guerrilla, terrorismo y
paramilitarismo; Tomás Pérez Vejo quien reflexiona sobre la nación, el
nacionalismo y los procesos de construcción nacional en Iberoamérica; Francisco
Colom ha escrito sobre Modernidad iberoamericana. Cultura política y cambio
social, pluralismo e integración política; y Ángel Rivero destacado Doctor en
filosofía, analista de la teoría política y el Nacionalismo
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