Los centros comerciales se han convertido en lugares de gran concurrencia de consumidores, ya que allí pueden encontrar todo lo que requieren sin necesidad de recorrer grandes distancias dentro de los espacios urbanos, además, este factor determina que la gente se concentre cada vez más en estos centros de consumo, debido a que estos lugares no se dedican exclusivamente al comercio de bienes, sino que además allí se ofrece recreación, la cual se materializa en diferentes maneras (cine, parques, eventos, etc.), también tiene a su favor una serie de condiciones que brinda al consumidor, para que su paso por allí sea cómodo y pueda disfrutar de todos los servicios dentro de esta “ciudad comercial”.
Sin embargo esto ha permitido el progresivo crecimiento de estos centros de consumo masivo invadiendo el espacio público del ciudadano, porque, por un lado no hay un límite para su expansión y por el otro lado, estos centros comerciales tan llamativos, han desplazado al espacio público, asumiendo una cantidad de funciones y creando una serie de escenarios que hacen que el espacio público sea totalmente representado, claro está que con algunas mejoras y al espacio público se le reconoce únicamente su función de movilidad y a veces se asocia con la inseguridad.
Los actores identificados dentro de estos escenarios son el consumidor dentro del centro comercial y el ciudadano en el espacio público, esto no significa que el ciudadano no consuma, o que el consumidor, no ejerza sus derechos ciudadanos, a lo que me refiero con esta división es que el consumidor como ciudadano, no defienda y exija que su espacio público no sea reducido por el comercio acaparador, sino que este se deja llevar por el efecto de una estrategia comercial.
Lo que me planteo en este ensayo es que “el ciudadano al verse envuelto en un contexto de consumo masivo como lo es el centro comercial, ha dejado de cumplir con el rol de ciudadanía, debido a que sus prácticas ahora se desempeña en otros lugares distintos al espacio público, ejerciendo un rol más de consumidor, en un espacio privado que realiza una función pública, esto evidencia que existe una dicotomía entre consumidor y ciudadano, tanto por la diferencia de espacios como por las situaciones que implica cada actor”
Al identificarse un actor es bien importante contextualizar el campo en el que se desenvuelve, ya que de ahí se desprenden varios roles, que le dan sentido a cada lugar físico, por ejemplo cuando hablamos de espacio publico en la cuidad, nos referimos al ciudadano, tal como lo comenta Jordi Borja “ciudad, espacio publico y ciudadanía, se trata de conceptos estrechamente relacionados, de significación mutua en tanto los valores vinculados a cada uno condiciona los valores de los otros dos” . Este actor llamado ciudadano, se desenvuelve en determinado territorio y a su vez a este se le atribuye una serie de características, que son efectivamente su razón de ser, precisamente en ejercicio de su ciudadanía, ya que al referirme a esto no lo veo solo como un concepto jurídico sino que además debemos verlo ya con una trascendencia real, es decir, como influye este en el espacio público, ya que el ciudadano lo va configurando, dándole usos específicos, como lo son, de recreación, descanso, actividades grupales, etc. Construyendo un sentido de pertenencia e identidad ligados al territorio.
Como mencionaba anteriormente, la cuidad también involucra valores, así lo menciona Fabio Velásquez Carrillo “Los valores vinculados a la ciudad, la libertad, la igualdad, la cohesión social, protección y desarrollo de los derechos individuales y de expresión y construcción de identidades colectivas, es una realidad material y no solo formal” , que como tal son y le deben ser reconocidos a todos los ciudadanos, como parte de lo que se ha venido discutiendo, el derecho a la ciudad, “es en esencia el derecho a construir una ciudad en la que se pueda ejercer la ciudadanía plena. Este derecho no sería tan importante, si no se excluyera tanto a las personas, que como ciudadanos no deben ser culpados y marginalizados por sus condiciones socioeconómicas. Además de otros factores que también causan la exclusión, por eso y por qué sucede muy a menudo, es importante tener el derecho a la ciudad, dentro del espacio público, el cual es de todos los ciudadanos.
En este orden de ideas, mas adelante retomaremos la discusión de ciudadano y la ciudad como espacio publico, para ahora enfocarnos en el siguiente punto que se planteaba en la hipótesis inicial, el consumidor visto como la persona que además de consumir, ha formado de su actividad una nueva identidad. El ser consumidor es el rol con el cual, ya no se evidencia una igualdad, en cuanto a que todos no cuentan con el mismo poder adquisitivo, no hay libertad, porque el consumidor está restringido, siendo este de cierta condición social, el consumidor tiene acceso a ciertos espacios y como lo menciona Néstor García Canclini “el consumo no es sinónimo de integración sino de exclusión”.
Sin embargo debemos reconocer que los nuevos contextos como la globalización son los detonantes para que en la ciudadanía se esté imponiendo el consumismo como la nueva moda, es el resultado del sistema capitalista y en sí de las lógicas del mercado, esto es bastante evidente en la lectura acerca de “el mundo en un centro comercial” de Margaret Crawford, en el cual ya se maneja a nivel mundial un consumo bajo control, en lugares específicos y que ya es tendencia en todo el mundo, estos lugares son los centros comerciales.
En este contexto hay un actor que se mueve dentro de estos parámetros, el llamado consumidor que sin duda alguna, está cargado de una serie de valores, determinados por su consumo creándole una nueva identidad, porque la mente compleja del hombre esta programada a satisfacer sus necesidades y este se realiza a través de la adquisición de unos bienes necesarios para su supervivencia. No obstante “el centro comercial” se encarga de crear nuevas y superfluas necesidades de comprar bienes, a beneficio de los comerciantes, desestabilizando la verdadera identidad del consumidor y finalmente hace que su permanencia y su vida transcurra en el centro comercial,
Pueden existir otros factores de fondo que hagan que esto suceda, uno de estos puede ser la llamada “agorafobia urbana” es decir que existe un temor al espacio público, por ciertas características, que lo hacen inseguro y peligroso para algunos. Borja asegura en su escrito, que el espacio público ha sido ocupado por inmigrados, pobres o marginados y afirma que la agorafobia es una enfermedad de clases, todo esto es para decir que en la ciudad, debido a la exclusión que se da desde las mismas personas, se crean estos imaginarios los cuales, sin duda alguna, afecta la ciudadanía y hace acrecentar un temor que no tiene razón de ser para llegar hasta el punto de apartarse del espacio que nos pertenece a todos.
Es evidente que el consumidor que se encuentra en los centros comerciales tiene algo de responsabilidad en cuanto a que estos quieran expandirse y acotar el espacio público, queriendo este mismo reemplazarlo, como la manera de capturar al ciudadano y ofrecerle cosas familiares del entorno y a su vez el consumidor busca refugiarse en él, creyendo y convenciéndose a sí mismo de que se encuentra en un espacio “publico”.
Por el otro lado el ciudadano busca conquistar espacios en la ciudad, para que allí este pueda desarrollar su actividad plenamente sin invasiones de ninguna índole y además este actor va en busca de que se le reconozcan los derechos relacionados con su diario vivir, para que con estos puedan haber las condiciones mínimas necesarias para que la ciudadanía goce del espacio público, seguro y sano. Esta es la dicotomía que planteo en mi hipótesis, pareciese que tanto ciudadano como consumidor fueran totalmente diferentes pero en la realidad, nos encontramos con que ambos cumplen ambos roles y aunque no se repelen sus “realidades e intereses” van por diferentes ideas y espacios, ya sean creados u otorgados por derechos.
Para concluir y a manera de reflexión para culminar con el texto de Margaret Grawford, los centros comerciales, primero no deben ser, ni invadir en su totalidad los espacios ciudadanos, ya que éste, por su “estrategia económica y de consumo”, han inventado mil maneras de llamar la atención del público de una manera exagerada, como por ejemplo con esas grandes construcciones y representaciones artificiales de la ciudad…. ¿queriendo reemplazarla?, y como segundo punto la tendencia de los centros comerciales “no facilita el progreso de la ciudadanía, tiende a la segmentación, al individualismo y a la exclusión”. Esto evidencia y deja en claro que su objetivo de integración social, no puede realizarse mientras este sea un espacio de privados y mientras se manejen lógicas económicas que solo buscan fines totalmente distintos a los fines sociales.
Para finalizar, el desafío de la ciudadanía frente a la lógica comercial que forma parte de un contexto cambiante en donde priman las grandes estructuras físicas, contenedoras de espacios privados, es bastante debatido pero como siempre, el derecho al espacio público es algo que nos debe incumbir a todos y todas como parte fundamental de nuestra ciudad, sin importar que tantos cambios o reestructuraciones tenga, pero lo que nunca debe faltar es el espacio de inclusión y reconocimiento de la diferencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario